Enseñar a los niños a perdonar y no ser rencorosos

Cómo educar a los niños en la importancia de pedir perdón

Sofía Gil Guerrero
Sofía Gil Guerrero Psicóloga General Sanitaria

No saber perdonar va de la mano del sufrimiento innecesario. Las emociones negativas, como el rencor, funcionan exactamente igual que el ácido. El ácido, hace más daño al recipiente que lo contiene que a aquello sobre lo que se vierte. Con las emociones negativas sucede exactamente lo mismo, el principal perjudicado es la persona que tiene dentro de sí resentimiento o rencor. Enseñar a los niños a perdonar y a no ser rencorosos les ayudará a sentirse mejor consigo mismos. 

Cómo enseñar a los niños a perdonar

Cómo enseñar a los niños a pedir perdón

Los niños a lo largo de su infancia, y por supuesto también durante la adolescencia y la adultez, se van a ver envueltos en situaciones en las que van a tener que perdonar o ser perdonados. 

Por ello, es fundamental que los niños sean habilidosos a la hora de resolver conflictos y no tengan dificultades para pedir perdón o aceptar las disculpas de otras personas. 

Aprender a perdonar y a pedir perdón cuando sea necesario facilita que los niños puedan desenvolverse adecuadamente en su entorno social y, que puedan gozar de un estado de calma que les permita estar satisfechos consigo mismos. 

- Dar ejemplo en casa. Como padres, es necesario que pidamos perdón a nuestro hijo cuando nosotros nos equivocamos. Esto hará que el niño se fije en nosotros, normalice el pedir perdón, lo interiorice y adquiera poco a poco dicha habilidad. Los padres también nos equivocamos y pedir perdón es un acto que debemos hacer sin tener miedo a perder autoridad. 

- Hacerles ver que ellos también se han equivocado en muchas ocasiones y que a pesar de eso han sido perdonados. Ninguno de nosotros somos perfectos por lo que debemos aceptar también las imperfecciones de los demás. 

- Trabajar con ellos la empatía, es decir, la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Se le puede invitar al niño a reflexionar mediante la realización de las siguientes preguntas: ¿recuerdas alguna vez en la que no hayas hecho las cosas bien? ¿y cómo reaccionamos nosotros contigo? ¿cómo te hubieras sentido si no hubiésemos llegado a perdonarte cuando nos pediste perdón? ¿a ti te gusta que te perdonen cuando te equivocas?

- Ayudar al niño a no tener una visión de túnel y por el contrario animarle a que valore la situación en su conjunto, es decir, enseñar al niño a no centrarse únicamente en lo malo que le ha hecho esa persona y animarle a ver también todo lo bueno que esa persona le ha aportado. Es necesario que el niño haga un balance y que aprenda a no poner fin a una relación por una simple metedura de pata.

- Felicitarle cuando el niño pida perdón. Si queremos que una conducta se repita tenemos que reforzarla. Por este motivo, si el niño pide perdón es bueno que se lo reforcemos con una mirada de complicidad, un guiño, una caricia, unas palabras (¡muy bien!).