Por qué el estrés puede ayudarnos a padres e hijos en la vida

Hay palabras que por algún motivo se “agarran” mala fama. El estrés es una de ellas. Parece que es una calamidad de la sociedad occidental moderna, que todos corremos todo el día y eso nos estresa, y que el estrés es responsable de la obesidad, las enfermedades y de que no tengamos paciencia y energía para educar a los niños como se merecen. 

De hecho, si buscamos en Google la palabra, nos encontramos con más de 36 millones de resultados, pero los primeros están relacionados a fatiga y agotamiento, por ejemplo “Estado de cansancio mental provocado por la exigencia de un rendimiento muy superior al normal; suele provocar diversos trastornos físicos y mentales”.

Cuando tener estrés es bueno para padres e hijos

Estrés: cuando es bueno

Desde un punto de vista biológico, se trata de un conjunto de alteraciones que se producen en el organismo como respuesta física ante determinados estímulos repetidos, como por ejemplo el frío, el miedo, la alegría, etc. Por lo tanto, el estrés, es el modo del cuerpo de reaccionar a un desafío.

Pero no necesariamente debe describir una sensación negativa o de malestar, sino que también puede generar un efecto mental positivo. De hecho, Viktor Frankl sostiene que es saludable que exista cierta tensión en el ser humano, porque eso es lo que nos impulsa a salir adelante. Frankl sostiene que en la vida siempre existe una distancia entre el lugar o situación en la que estamos y la que quisiéramos estar, y esa tensión o distancia que genera cierto estrés, nos lleva a buscar la realización. Si todo fuera siempre perfecto, nuestras vidas serían un aburrimiento terrible.  

Por su parte, Marcela Lechuga Payá (Chile) psicóloga clínica, especializada en Psicología de la Salud ha contribuido a reconceptualizar el paradigma del estrés percibido como un enemigo, para valorarlo como un aliado que nos permite ser protagonistas de nuestras vidas. Así es la vida, su primer libro se refiere a ello. 

En una entrevista concedida en Uruguay, sostuvo que “El estrés es un motor, un recurso natural que tenemos para enfrentar los retos que la vida nos va poniendo desde que nacemos hasta que morimos. Entre estos dos grandes retos (el nacimiento y la muerte), hay otros retos: enfrentar el colegio, un matrimonio, los conflictos de pareja, la pérdida de un ser querido, la situación de frustración de un sueño, y el estrés ayuda a poder trascender y a enfrentar esas situaciones que obligan a crecer.” 

Lo que importa sostiene Marcela Lechuga es tener los recursos personales para enfrentar el reto. Y de eso se trata en parte la educación: de ayudar a los chicos a desarrollar sus recursos. La psicóloga explica que el estrés en sí mismo no es generador de enfermedades, sino que estas aparecen cuando no tenemos recursos para afrontar el estrés y este se convierte en amenaza.  

La autora explica refiriéndose específicamente a las madres que también son hijas, compañeras, profesionales, amigas, hermanas, nietas, y decimos, “estoy estresada” cuando en realidad el estrés nos va a ayudar a ser más eficientes. No es el estrés el que nos hace mal, sino que debemos aprender por ejemplo a pedir ayuda, a poner límites, a aceptar las críticas. Ser adulto no es solamente cumplir años, ser adulto es ser capaz de autorregularse y cambiar para afrontar el estrés que estar vivos nos genera.