Cuáles son las etiquetas más dañinas que ponemos a los niños (sin querer)
Etiquetar a tus hijos, sobre todo si es por su género, limitará su comportamiento y sus sueños
- Por qué poner etiquetas negativas a los niños perjudica a su desarrollo
- Estas son las etiquetas más dañinas para los niños y que debes evitar
- ¿De qué manera las etiquetas de género influyen en la conducta infantil?
¿Alguna vez le has dicho a tu hija que tiene que ser una niña buena y obediente? ¿Y a tu hijo que es un niño vago? Aunque lo hacemos muchas veces sin pensar estas son algunas características que más perjudican a los niños. A pesar de que nuestro cerebro necesita poner etiquetas para ordenar la realidad que nos rodea, pueden ser contraproducentes para los pequeños. Te decimos cuáles son las etiquetas más dañinas que ponemos a los niños (sin querer).
Por qué poner etiquetas negativas a los niños perjudica a su desarrollo

Siguiendo el ejemplo anterior, los niños acaban por creerse que de verdad son vagos o que tienen que ser siempre sumisos para ser buenos, limitando su comportamiento y perpetuando estereotipos de género muy peligrosos. Pero ¿cómo influyen las etiquetas a los niños? Estas pueden agruparse en palabras sobre comportamiento, habilidades o carácter, y de inteligencia o potencial:
Ejemplos de etiquetas negativas que solemos decir 'sin darnos cuenta' son:
- De comportamiento. Malo, maleducado, descarado, desobediente, caprichoso o rebelde.
- De habilidades o carácter. Vago, lento, torpe, tímido, llorón, pesado, gordo o desordenado.
- De inteligencia o potencial. No eres bueno en matemáticas, tonto o desastre.
Cuando catalogamos o etiquetamos a un niño en algo, aunque nos parezca que sea adecuado para él, en realidad estamos creando una distorsión para su presente y futura identidad, pues no sabrá desligarse de esa etiqueta que se le ha impuesto y la va a tener consigo para siempre. Los padres, maestros y demás adultos también, utilizamos estas etiquetas a diario, casi sin darnos cuenta.
A veces son etiquetas tan comunes (y que se nos escapan tan fácilmente) pero que son perjudiciales porque se activan efectos psicológicos que marcan a los niños durante años. Uno de ellos es la internalización que se da cuando un niño escucha repetidamente que es vago o torpe, que acaba creyéndolo y actuando como si fuera verdad, dejando de esforzarse porque piensa que 'da igual'.
Además, las etiquetas limitan el potencial, ya que si un niño oye que no vale para las matemáticas, puede dejar de practicar, convencido de que no es capaz, aunque sí podría mejorar con el debido acompañamiento. También aparece el sesgo de confirmación: cuando un adulto etiqueta, se fija solo en lo que confirma esa idea ('ves, eres muy desobediente') e ignora los avances positivos.
Estas son las etiquetas más dañinas para los niños y que debes evitar

Ninguna etiqueta (incluso las que consideramos etiquetas positivas) son aceptables para los niños. De hecho, las 'positivas' pueden ser una trampa: palabras como 'campeón', 'el listo', 'la perfecta' o 'la buena' pueden generar presión y ansiedad por miedo a fallar y dejar de ser aceptado o querido. Pero hay que recalcar que existen dos tipos de etiqueta que son más dañinas y severas:
Etiquetas que se ponen desde la familia
Las interacciones y relaciones que poseemos dentro del núcleo familiar (con nuestros padres, hermanos, abuelos, primos, tíos, incluso amigos muy cercanos) son las más significativas que se tienen en toda la infancia. Por ello, las etiquetas que los niños reciben de su círculo más íntimo son más peligrosas, pues proceden de sus personas de referencia. El niño pierde, de cierta manera, la seguridad de llegar a casa y amortiguar todas las malas cosas de su alrededor.
Etiquetas asociadas al género
Estas etiquetas se refieren a aquellas palabras o términos despectivos que se le colocan especialmente a niñas o a niños según su género, como una manera de discriminarlos. Es decir, son burlas hacia los pequeños cuando no hacen lo que se suponen que son 'cosas de niños' o 'cosas de niñas' según como lo considera la sociedad patriarcal. De hecho, puede verse desde los juguetes: todo lo de cocina es para las niñas y todo lo de construcción o herramientas es de niños.
El carácter más peligroso con estas últimas etiquetas es que, las personas tienen interiorizadas cómo 'deben' comportarse los niños y las niñas según la mentalidad tradicional, desde el momento de su nacimiento. Entonces, al tener estas creencias, las personas cambian la manera de tratar a una niña y a un niño, lo que afecta a la manera en que estos niños y niñas se pueden relacionar con los demás y cómo ven sus propias funciones dentro de la sociedad.
¿De qué manera las etiquetas de género influyen en la conducta infantil?

¿Qué sucede cuando el comportamiento se ve afectado por estas etiquetas? Pues que se crean estereotipos de roles de género, con lo que los niños crecen e interiorizan. Pero esto va mucho más allá de 'los niños no lloran' o 'las mujeres pueden estudiar ingeniería'. Se trata de reforzar la idea de que a las mujeres se les puede valorar más por su belleza y a los hombres por sus capacidades.
De esta manera se está creando una brecha sobre las oportunidades que se adquieren en el futuro o la manera en que se deben relacionar con los demás. Por ejemplo, en el futuro, las niñas pueden centrarse más en cultivar su belleza, siguiendo estándares rígidos sobre estética corporal hasta llegar a obsesionarse con ello. De ahí que se hablen de problemas mayores como anorexia.
Por otro lado, hay niños que crecen con la idea de que deben ser el mejor de todos para ser un futuro 'proveedor' y mantener a su familia. Es por ello que estas son consideradas como una de las etiquetas más dañinas de todas para los niños. Una alternativa útil es cambiar el enfoque: en vez de definir al niño por 'lo que es', se debe describir lo que está pasando y ofrecer una guía.
Por ejemplo, en lugar de 'eres un niño llorón', debemos decir 'veo que te sientes triste, ¿quieres que hablemos?' o 'necesitas expresar tus emociones'; en lugar de 'eres un desastre', puedes decir 'vamos a organizar esto paso a paso'; y en vez de 'eres muy intenso', prueba con 'parece que necesitas un momento para calmarte, respira y lo intentas de nuevo'. Así, cambiaremos la perspectiva.
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Bibliografía
- Barcos Moya, N. (2020) Desarrollo de la personalidad en la primera infancia (0-6 años). Trabajo Fin de Grado. Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación. Campus de Huesca, Universidad de Zaragoza (ed.) España, pp. 1-42 Disponible en https://zaguan.unizar.es/record/98070/files/TAZ-TFG-2020-2533.pdf