La razón por la que los niños que van a guardería siempre están malos

Cómo actuar en caso de fiebre o convulsión febril

Lidia Nieto
Lidia Nieto Editora Jefe

Seguro que la situación que te voy contar, te suena y ¡mucho! Pasáis un verano estupendo, pero es llegar septiembre, meter al pequeño en la guardería y.. estar día sí y día también en la sala de espera de tu centro de salud. ¿Por qué será que los niños que van en guardería siempre están malitos? Hay gente que ya ha encontrado una palabra (bueno dos) para explicarlo, síndrome de la guardería, pero en Guiainfantil.com hemos ido más allá. 

¡Sabemos por qué los niños que van a guardería siempre están enfermos!

niños que entran en guardería siempre tienen fiebre

"Mi hijo se lo coge todo". Esta es una de las frases más comunes que se pueden escuchar en las puertas de las guarderías, y es que no falla, todos los niños que pisan por primera vez una escuela infantil terminan más de un día en casa con mamá o con los abuelos.

La fiebre en los niños es una de las situaciones más comunes a la que los padres nos vamos a tener que enfrentar a lo largo de la etapa infantil de nuestros pequeños. En los primeros años de la vida de un bebé y, sobre todo cuando comienzan la escolarización, su cuerpo está en constante lucha para defenderse de posibles infecciones, y este mecanismo que tiene el organismo para luchar contra ataques externos es lo que podríamos llamar fiebre.

La elevación de la temperatura facilita la acción de las defensas del organismo frente a las bacterias y los virus que producen las infecciones, así que podríamos decir que la fiebre es buena, porque se trata de una reacción del cuerpo, y no es una enfermedad como tal.

Las madres pensamos que, al registrar al pequeño en la guardería, vamos a tener un poco más de tiempo libre y menos preocupaciones, pero ocurre todo lo contrario, el niño está constantemente malito. ¿El motivo? Nos lo explicó Beatriz Martín, dentro del III Encuentro #ConectaConTuHijo, organizado por Guiainfantil.com: "Cuando empiezan a relacionarse con otros niños y comienzan a entrar en contacto con el mundo exterior, lleno de bacterias y virus diferentes a los que han tenido en su reducido universo, su organismo reacciona con la fiebre", y añade: "No hay que olvidar, también, que en las escuelas infantiles comparten chupetes o juguetes y, por tanto, comparten también bichitos. La fiebre lo que intenta es ponérselo difícil a estos invasores".

De la fiebre la convulsión febril 

de la fiebre a la convulsión febril

Lo que más nos asusta de la fiebre a los padres es que algunos niños tienen tendencia a sufrir una convulsión febril. En principio no son graves y se pasan solas, pero asustan un montón, por eso lo más importante, y la vez más difícil, es mantener la calma y seguir estos consejos: 

- Tumbar al niño o niña de lado, protegiéndole la cabeza.

- No intentar detener los movimientos de la convulsión.

- Intentar bajar la fiebre.

Si transcurridos unos cinco minutos, no se aprecia ninguna mejora, lo más indicado es trasladar al niño al centro médico más cercano. Si conseguimos frenar la convulsión, se le puede dar un antitérmico, y tras su administración, acudir al pediatra.

Hay que aclarar que una convulsión febril no es una crisis epiléptica, y que en la mayoría de los casos no reviste gravedad y va desapareciendo cuando el peque crece.

Qué se le puede dar al niño para bajar la fiebre 

Partiendo de la base de que solo hay que tratar la fiebre si afecta al estado general del peque, si no, no es necesario, vamos a pasar a enumerar una serie de consejos, que nos dio Beatriz Martín, para actuar frente a un episodio de subida repentina de temperatura en el niño 

- No hay que bajarla siempre, solo si es mayor de 38,5 ºC, afecta a su estado general, ha tenido crisis febriles o está deshidratado. 

- Se debe acudir al pediatra en menores de 3 meses siempre, pero también si está muy decaído o irritable, si la temperatura es mayor a 40,5 o se prolonga más de 48h.

- Medidas físicas como refrescar el ambiente para que no haya un calor excesivo, quitar todo el exceso de ropa y, si con esto no basta, probar a ponerle unos paños con agua tibia en la frente, la nuca y las muñecas. Todo esto hay que hacerlo de tal manera que, para el niño no resulte incómodo, porque al final lo que nos importa es el bienestar del pequeño. No se recomiendan los baños o duchas frías porque pueden producir un efecto rebote y nuestro objetivo no es ese, sino que la bajada de temperatura sea gradual.

- Dosis de paracetamol, ajustado a la cantidad que nos indique el pediatra según el peso del peque. A veces, si la fiebre está causada por inflamación de garganta o de oídos, por ejemplo, puede estar más indicado el ibuprofeno. Una práctica habitual es alternar ambos, pero realmente no hay ninguna evidencia de su utilidad, y al contrario, puede aumentar el riesgo de errores en la administración o en la dosis.