La primera escapada infantil a la nieve

Era la primera vez que mi hijo iba a ver tanta nieve junta fuera de la ciudad. Sabía lo que era, la había tocado, había jugado a hacer bolas y lanzarlas, y a construir un pequeño muñeco de nieve con su hermano y con sus amigos, pero una estación de esquí en lo más alto de la montaña y rodeada de pinos era otra cosa.

Nos vestimos como si fuéramos cebollas con camiseta térmica, dos polares, plumífero, pasamontañas, guantes, gorro, dos pantalones, uno de ellos impermeable, y las botas de montaña. Tempranito por la mañana, emprendimos el viaje hasta la estación de esquí. Los niños estaban pletóricos, no paraban de preguntar en el coche cuando verían la nieve, sobre todo, el pequeño que, con cuatro años, ya se sentía fuerte, el rey del mundo, para tirarse por las rampas en el trineo y ser el protagonista de las batallitas que le había contado su hermano.

Nieve, diversión para los niños en invierno

Esquí en la nieve para los niños

De pronto, la nieve empezó a vislumbrarse a través de las ventanillas del coche. Llegamos al aparcamiento y, al salir, mi hijo se bautizó dándose su primer trompazo contra el suelo. A penas se quejó, estaba tan ilusionado que no quería ni salir del aparcamiento porque alrededor del coche ya había mucha nieve.

Al final, le convencimos y con el trineo a cuestas, nos desplazamos hasta una ladera preciosa, llena de blanca nieve, que comenzamos a subir. Una vez arriba comenzó la fiesta, una diversión cuesta abajo, que se prolongó a lo largo de toda la mañana. Cuando tenía que ceder el trineo a su hermano, él se tiraba al suelo, se rebozaba como una croqueta sobre la nieve, tiraba bolas, daba saltos y jugaba sin parar, mientras nosotros disfrutábamos de verles tan felices en un paraje tan singular.

Sus bajadas con el trineo eran cada vez más precisas y con cada descenso ganaba en confianza y velocidad. Tenía la edad ideal para pasárselo en grande disfrutando con la nieve y la suficiente coordinación psicomotriz como para atreverse a tirarse sin correr riesgos.

Aquel día no esquiamos, pero mereció la pena verle disfrutar tan pequeño de su primer contacto con la nieve y observar lo positivo que estaba siendo para él. Cuando tienes niños pequeños e intentas realizar deportes en familia, unas veces te toca a ti y otras a ellos.

Algunas escuelas de esquí admiten a niños a partir de los cuatro años, aunque hay profesores que consideran que la edad ideal para calzarse por primera vez unos esquís, es a los siete años. La razón es que el esquí para niños demanda una exigencia motriz compleja y el principiante debe estar preparado. Así que, si te apetece, sube. Este año, la temporada en España ya está abierta y os está esperando.

Marisol Nuevo.