Niños que no juegan solos

A muchos padres les resulta difícil disponer de algún momento de soledad o de tiempo para sí mismos en casa. Se desesperan porque su hijo no quiere jugar solo; no sabe o no quiere entretenerse en su habitación y siempre reclama su atención para que le atiendan o jueguen con él. Esta falta de iniciativa a la hora de jugar y crear juegos, puede resultarnos agotadora y también preocupante.

Enseña a tu hijo a jugar con autonomía

Madre juega con niña en parque

Es normal que a los niños pequeños les guste jugar con sus padres, nosotros somos su mayor estímulo y los lazos efectivos que se establecen son fundamentales para su aprendizaje, pero según van siendo más mayorcitos debemos potenciar cierta autonomía en sus juegos y en la disposición de su tiempo y del nuestro. Parece raro que un niño, sobre todo a partir de los tres años, esté pegado a las faldas de su madre, que no tenga interés por jugar sólo más de dos minutos, que demande gran cantidad de tiempo a sus padres y que no tenga la iniciativa ni la inquietud de explorar o crear nuevos espacios u objetos.

Esta situación puede ser bastante incómoda para los padres a los que su hijo no para de demandarles su compañía; niños que repiten a cada rato ¡me aburro! para llamar nuestra atención, aún cuando pueda disponer de un montón de juguetes. Todos sabemos de la importancia del juego, de las relaciones sociales, de la creatividad y de la exploración fuera de los lazos o supervisión de papá o mamá.

Asimismo resulta fundamental y conveniente despertar en ellos cierta independencia e iniciativa a la hora de jugar, lograr que disfruten con sus juguetes o que tengan una relación saludable con otros niños. Aunque la habitación de nuestro hijo suele estar llena de juguetes, muchas veces ya no juegan con ellos porque no llaman su atención, o porque ya los ha explorado o porque todavía no ha desarrollado un juego creativo. Quizás necesite, en este caso, de nuevos juegos en los que implicarse y disfrutar, aunque suponga para nosotros que nuestro hijo se manche, experimente o nos proporcione algún que otro inconveniente. Los cambios en este sentido requieren cierta dosis de paciencia, ya que no podemos hacerlos de la noche a la mañana porque nuestro hijo estará acostumbrado a que atendamos a sus demandas.

Debemos estimularles progresivamente para que jueguen en principio junto a nosotros, pero sin nosotros. El trabajo nos resultará más fácil si atendemos a qué tipos de juegos pueden interesar más a nuestro hijo y si potenciamos la relación y el encuentro con otros niños de su edad.

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com