El niño movidito o inquieto

Muchos padres bromeamos con que nuestro pequeño se mueve más que los valores en bolsa o que más bien parece que tenemos dos o tres niños en lugar de uno. Sabemos bien cuánta energía tienen los niños en edad preescolar: se mueven de acá para allá, aunque se den cabezadas de cansancio. Parecen no ser capaces de cerrar los ojos e irse a la cama, y juegan y se mueven hasta que casi caen inconscientes...

Pero estos signos habituales en estas edades, puede fabricar en nuestra mente la sombra de la duda por un posible trastorno de hiperactividad, ya que esta inquietud excesiva es uno de los síntomas que se asocia popularmente a esta patología.

¿Niño nervioso o hiperactivo?

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El TDAH (trastorno por déficit de atención/hiperactividad) es un trastorno de origen neurológico que se diagnostica normalmente en la infancia y se caracteriza por presentar síntomas de hiperactividad como un movimiento continuo y excesivo en el niño, dificultades de atención o impulsividad en las actuaciones o respuestas irreflexivas, debido al funcionamiento erróneo de algunas zonas del cerebro.

Pero esto es demasiado general ¿acaso conocéis a muchos niños pequeños que no se muevan o que no sean impulsivos en sus respuestas, sin tener en cuenta la espera, el empleo de fórmulas de educación que son conductas aprendidas socialmente? El diagnóstico es bastante más complejo.

¿Es lo mismo un niño hiperactivo que un niño movidito? Desde luego, no. Aunque la inquietud es una característica habitual del niño hiperactivo, sobre todo en los casos más extremos, tenemos que saber que esta inquietud natural no es exclusiva del niño hiperactivo, ni siquiera es un síntoma imprescindible para llegar a un diagnóstico de hiperactividad.

El que nuestro hijo quede dormido en el suelo, cayendo rendido tras sus irrefrenables ganas de jugar y moverse, nos deja sorprendido sin duda, nos preguntamos por qué cuando está cansado no nos lo dice o se acuesta sin más. Esto que es tan extraño en un niño más mayor o en un adolescente, no es raro en niños completamente sanos por debajo de los 5 años.

Estos niveles de inquietud se consideran normales hasta esta edad. Podemos consultar con nuestro pediatra, sin embargo, ante la persistencia de estos signos y tener en cuenta que hay otros factores que pueden desencadenar estas conductas como, por ejemplo, los malos hábitos de sueño, falta de rutinas o incluso otros trastornos psicológicos como la ansiedad, la depresión u otros problemas del desarrollo.

Patro Gabaldón. Redactora de GuiaInfantil.com