La atracción de los niños por los malos olores

Después de centenares de pañales cambiados a nuestros hijos, seguro que nuestra pituitaria está más o menos acostumbrada a los malos olores: ahora somos algo más insensibles a esos sibilinos pedetes o cacas olvidadas en el w.c. Sin embargo, me sorprende, la gran resistencia que tienen nuestros hijos ante el mal olor de una habitación repleta de zapatos y de pies sudorosos, o caldeada de pedos, después de un menú de leguminosas.
¿Será que los niños tienen una resistencia a los malos olores todavía mayor que la nuestra, pese a nuestros años de entrenamiento olfativo? Cada vez hay más juguetes, incluso cuentos con los que se estimula el olfato de los niños: cuentos que huelen bien o mal, dependiendo de si rascas una flor o un pestoso troll verde; artículos de broma, bombas fétidas, sprays pestilentes, pedorretas, muñecos coleccionables de olores repugnantes, y que despiertan la hilaridad de nuestros hijos: basura, repollo, sudor, pis, caca, es alguno de los suculentos olores que nuestros hijos pueden soportar sin problemas y alardean de ello, mientras nosotros les miramos con repugnancia.













