Cómo administrar medicamentos a los niños

Los papás sabemos de la dificultad que tienen nuestros hijos para tomar algunos medicamentos, ya que no suelen tener buen gusto al paladar. Por ello, deberíamos preguntar al pediatra no sólo sobre la posología y duración del tratamiento, sino también sobre el sabor y forma de administración. Tener en cuenta estos últimos aspectos puede ayudarnos a que dar un medicamento a nuestro hijo no sea "misión imposible".

Los medicamentos pediátricos, para las dolencias más habituales de los niños, suelen cuidar el buen sabor como un factor relevante, pero aún así el regusto final puede provocar que nuestro hijo lo rechace firmemente, lo escupa o lo evite mediante un brusco movimiento que proporciona un decorativo estampado de su ropa. Incluso es posible que el niño tenga arcadas o llegue a vomitar.

Qué hacer si el niño no quiere tomar la medicina

Bebé toma medicina

Enfrentarnos a la adminitración de medicamentos, especialmente con algunos bebés, puede convertirse en toda una hazaña. Después de que con su hábil y rápida lengüecilla rechace el medicamento o que sus aspavientos o llantos nos lo pongan realmente difícil, puede que acabemos no sabiendo cuánta dosis de medicamento ha llegado finalmente a su estómago.

Es inútil intentar convencer a un bebé menor de dos años sobre la conveniencia de tragar el medicamento para curar su enfermedad, así que lo mejor es que consultemos sobre las alternativas del componente activo del medicamento, eligiendo preferiblemente, aquellos medicamentos que tengan mejor sabor y necesiten de menos dosificación, los que sean fáciles de tragar o aún mejor, que sean administrados por otras vías diferentes a la boca, como los supositorios.

Podemos emplear algunos truquillos cuando tu hijo detesta tomar el medicamento como el camuflaje o disolución del medicamento en líquidos o alimentos dulces o habituales para el niño: yogur, puré de frutas, zumos, leche fría, miel, etc. El medicamento no debe ser administrado tumbado por el riesgo de atragantamiento, si acaso algo reclinado y por algún lateral de la boca mediante una cucharilla plana o pipeta. Muchos medicamentos tienen un gusto amargo muy desagradable que pueden provocar al niño vómitos. Si este es el caso, no deberías administrar nuevamente el medicamento sin antes consultar con su pediatra y, si estás seguro de que lo ha expulsado por completo, volver a intentarlo cuarto de hora más tarde.

Es más fácil que el niño experimente arcadas cuando está recién comido, así que es mejor evitar que tenga la barriguita llena, aunque como sabéis tampoco es aconsejable que tengan el estómago vacío. Sólo debemos dar un medicamento a nuestro pequeño cuando ha sido prescrito por su pediatra, respetando la dosis, el horario y los días de tratamiento. Una vez que consigas que el niño tome su medicación, deberíamos felicitarle y darle un beso, convenciéndole de que gracias a él podrá ponerse bueno.

Patro Gabaldón. Redactora