Cómo es la fuerza de voluntad de tu hijo. ¿Él sabe esperar?

Muchas veces qué difícil es la espera, ¿verdad? Queremos que todo sea ya, ahora, sin esperar ni un minuto. Entonces me pregunto: ¿Qué podemos esperar de nuestros hijos? Siempre les estamos exigiendo que esperen, que tengan fuerza de voluntad y autocontrol. Y lo queremos ya, de la noche al día, sin más. Me parece que de este modo vamos a tener que esperar, ¡y mucho!

Educar la fuerza de voluntad de los niños

El saber esperar de los niños

El autocontrol así como la fuerza de voluntad son comportamientos que se aprenden primero con el ejemplo. Educar a los niños a que sepan esperar para lograr lo que se proponen debe ser una enseñanza continua y coordinada. Los niños deben aprender que todo a lo se espera uno tiene un propósito. Esperar en la cola del supermercado, esperar el autobús, esperar a papá o a mamá en la puerta del colegio... esperar siempre nos lleva a un reto.

En este vídeo que comparto con vosotros, aunque no está traducido, os dará por reír así como sentir pena de los niños. Se trata de un experimento hecho con un grupo de niños en edades preescolar y escolar, a los que se les plantea un reto: Si quieren algo mejor, tendrán que esperar. Cada niño se queda en una habitación, sentado enfrente a una mesa donde hay un plato con una chuchería o un dulce. Dejan a cada niño solo en la habitación y les dicen que se esperan allí por un rato, luego tendrán una recompensa.

Cada niño y cada niña ponen todo los medios para lograr la meta. Los que consiguen esperar, se lo pasan muy mal. ¡Se les ve con un deseo de comer la golosina! Algunos llegan a probar una pizquita; otros la lamen, la huelen, tocan y luego desisten y esperan. A pesar de la corta edad, algunos entienden que hay ocasiones en las que es mejor alejarse o apartar la vista de la golosina. Este test o prueba que se trata de un experimento psicológico conductual fue realizado para demostrar que todos tenemos metas a alcanzar y que para eso tenemos que emplear el esfuerzo, esperar e incluso sacrificarse. Nadie los regaña, ni les impide comérselo, y aún así la mayoría de los niños consigue su propósito.

Según los resultados del estudio, los niños que supieron esperar demostraron mejores habilidades sociales, mayor tolerancia a la frustración, una comunicación más asertiva y mayor seguridad en sí mismos. Los que NO supieron esperar mostraron ser un poco más aislados socialmente, testarudos e indecisos, irritables, más dados a los celos y a la inseguridad en sí mismos. Al final, y menos mal, los niños pudieron comer la golosina. ¡Ha valido la pena esperar!

Yo, particularmente, he sufrido viendo a los niños. Pensé que no serían capaces de esperar. Yo les vi cómo se retorcían para no comer la chuche. No sé si yo lo conseguiría... ¿Y vosotros?

Vilma Medina. Directora de GuiaInfantil.com