Enseñar a los niños a no ser dominantes con sus amigos

Niños que se muestran mandones e intransigentes con los demás

Sofía Gil Guerrero
Sofía Gil Guerrero Psicóloga General Sanitaria

Flaco favor hacemos a nuestros hijos cuando empleamos un estilo educativo permisivo y les permitimos que en casa campen a su anchas y se desenvuelvan sin tener en cuenta ninguna norma o límite. 

¡No todo vale! Esta idea se la tenemos que trasmitir a los niños en casa para que aprendan a respetar al otro y no se extralimiten cuando estén interactuando con su grupo de iguales. Es decir, debemos enseñar a los niños a no ser dominantes con sus amigos.

Cómo deben comportarse los niños con sus amigos

Niños dominantes con sus amigos

El comportamiento de los niños con sus amigos no es más que un reflejo de cómo se comportan en casa. Por ello, es importante que inculquemos a nuestros hijos las habilidades necesarios para desenvolverse con éxito con sus amigos o compañeros:

- Escuchar activamente.

- Respetar las opiniones de los demás.

- Amabilidad.

- Expresar sin miedo pensamientos, emociones, opiniones, etc.

- No ofender, ni intimidar.

- No exigir a los demás y, por el contrario, sugerir o hacer peticiones.

- Dialogar o negociar para llegar consensos. 

Qué hacer para enseñar a los niños a no ser dominantes con sus amigos

A continuación, ofrecemos algunas recomendaciones que debemos tener en cuenta si queremos que nuestro hijo no se comporte de manera dominante con sus amigos y deje de ser “el mandón del grupo”:

- No ser mandones ni controladores con ellos. Es posible que los niños se comporten de manera dominante o sean mandones con sus amigos porque están imitando esta conducta que observan en casa.

- Ayudar al niño a mejorar sus habilidades sociales. No respetar a los demás y tener un estilo de comportamiento agresivo puede pasar factura al niño. El comportamiento agresivo es aquel que empleamos cuando imponemos, mandamos, dirigimos, utilizamos un tono de voz alto, una mirada desafiante o, en un extremo, cuando agredimos físicamente o verbalmente a los demás. Los niños con este tipo de comportamiento no se preocupan por los demás, por cómo se pueden ser o qué pueden pensar. Simplemente están pendientes de satisfacer sus necesidades y cumplir sus objetivos. Debemos ayudar al niño a modificar este estilo de comportamiento y adoptar un comportamiento asertivo.

- Enseñarle al niño que no siempre puede salirse con la suya. Los niños que son dominantes están acostumbrados a salirse con la suya. Manejan la situación y consiguen traer a los demás hasta su terreno. Están acostumbrados a decidir e imponer. Por ello, es bueno enseñarles que no siempre se decide, que no siempre se puede mandar y que no siempre podemos salirnos con la nuestra.

- Prestar atención a sus necesidades y favorecer su autoestima. Muchas veces los niños dominantes o mandones quieren captar la atención de las personas de su entorno. Necesitan que todos estén atentos a lo que hacen y a cómo lo hacen. Por ello, debemos preguntarnos si es posible que nuestro hijo esté demandando más atención y actuar en consecuencia para que el niño se sienta apoyado y valorado por su entorno (familia, amigos, profesores, etc). Podemos fortalecer su autoestima pidiéndoles que nos ayuden con tareas sencillas como barrer la casa, poner la mesa, preparar una receta…, esto le hará sentirse útiles y su autoestima mejorará.

- Felicitarlo cuando actúe de manera adecuada y respetuosa. Si el niño pide las cosas con buenos modales, realiza sugerencias y expresa sus deseos o necesidades sin exigir, debemos felicitarlo por ello. Si obtiene refuerzo, seguramente lo volverá a actuar de esa manera e irá incorporando poco a poco ese tipo de conductas. 

Un niño que se comporta de manera dominante, intransigente y mandona con las personas de su entorno, no es un niño feliz. Por eso, debemos ser conscientes de que las normas y los límites son necesarios para que los niños se desarrollen de manera saludable. Debemos tener clara esta idea para que el niño aprenda en casa que existen límites y que se debe respetar a los demás pese a que sus intereses choquen en ocasiones con los nuestros. 

Si llevando a cabo estas recomendaciones la conducta continua persistiendo, es recomendable buscar orientación y asesoramiento psicológico para que un profesional pueda ayudar al niño a entrenar sus habilidades sociales.