Por qué no debemos presionar a los niños

Cuando los padres presionan en exceso a sus hijos

Borja Quicios
Borja Quicios Psicólogo educativo

Todos los padres buscan la felicidad de sus hijos y para ello, buscan que estos sobresalgan en lo que hacen. Para conseguirlo muchos adultos están convencidos de que sus hijos rendirán más si son exigentes con ellos y les presionan para que se esfuercen y hagan las cosas mejor.

Los progenitores han de conseguir que el niño alcance un equilibrio en lo emocional, lo físico y lo académico para que no haya riesgo de que la presión ejercida hacia los pequeños pueda tener consecuencias inesperadas. ¿Por qué suelen presionar los padres a sus hijos y qué consecuencias tiene?

A qué se debe esta presión de los padres hacia los hijos

Cuando los padres presionan a sus hijos

La mayoría de los padres que son exigentes, suelen serlo en todo lo que sus hijos hacen: en el deporte, en la escuela, en las tareas de casa, etc. La exigencia y la perfección son la filosofía por la que se rige la familia. Es la perfección como forma de vida.

Otras veces, la presión de los padres hacia sus hijos proviene de las altas expectativas y las elevadas metas que los adultos marcan a sus hijos. No se tiene en cuenta las características individuales y los ritmos de cada niño y los padres exigen a los pequeños como si se exigieran a sí mismos.

El estilo educativo también influye. Los padres exigentes suelen aplicar el estilo educativo autoritario donde se muestran intransigentes y tratan de controlar todo lo que hacen sus hijos para que cumplan objetivos. Cuando los padres se pasan de exigencia puede provocar la dependencia del niño.

Consecuencias de presionar a los niños

Son muchas las familias que presionan a los hijos, sobre todo en cuestiones académicas, y hacerlo conlleva unas consecuencias negativas que afecta a los pequeños.

- Hace a los niños más introvertidos e inseguros. La presión ejercida por los padres hace que los niños vayan alejándose de ellos poco a poco. Los niños empiezan a pensar que no son lo suficientemente importantes para sus padres a menos que sean perfectos, algo que pocos niños pueden conseguir. Exigir continuamente puede dar a entender mensajes equivocados.

- Niños con estrés. El estrés es generado por las altas expectativas de los padres y esta tiene un efecto negativo que lleva a problemas de comportamiento de los niños y a un estrés crónico. Este estrés puede traer consigo: arrebatos de ira, depresión, querer estar solo, dolores de estómago, etc.

- Niños enfadados constantemente. Hacer entender al niño que todo lo que hace necesita corrección puede hacer que se sienta avergonzado y si esto ocurre de manera continua este sentimiento se va convirtiendo en resentimiento.

- Tienen baja la autoestima. La falta de reconocimiento a sus logros hacen que haya ausencia de autonomía y motivación y esto conlleva que tengan una mala imagen de sí mismos.

Cómo pueden actuar los padres para no presionar en exceso a sus hijos

Los progenitores han de pararse a pensar si son demasiado exigentes con sus hijos. Darse cuenta es lo primero que debe ocurrir para cambiar. Una vez que se haya conseguido esto es importante buscar momentos para reflexionar y revisar si las metas que se proponen a los niños son las adecuadas. Algunos consejos para exigir a los niños sin presionar:

- Los niños nos son adultos. Aunque el niño aparente una temprana madurez intelectual se debe tener en cuenta que sigue siendo un niño a la hora de establecer los niveles de exigencia.

- Dar afecto. La clave es que los niños sientan apoyo, se sientan valorados y no solo exigidos.

- Momentos compartidos. Es importante buscar momentos para pasarlo bien juntos, hablar, reírse y que las conversaciones no sean solo para hacerle saber al niño cómo debe comportarse.

- Que los niños sean autónomos. En lugar de controlar todo lo que hacen, darles autonomía y dejar que tomen decisiones