Por qué se dice que las embarazadas tienen andares de pato

La curiosa razón de que las embarazadas tengan otra forma de andar

Patricia Fernández Pérez
Patricia Fernández Pérez Redactora en Guiainfantil.com

 A medida que el bebé crece dentro del cuerpo de la mujer esta va adquiriendo una forma de andar muy peculiar, que algunos han denominado como “andares de pato”.

Aunque realmente puede parecer un poco cómico, esta forma de andar se debe a una importante evolución del cuerpo de la mujer a lo largo del tiempo.

Te desvelamos por qué las mujeres tienen “andares de pato” cuando están embarazadas.

Las razones de que las embarazadas tengan andares de pato

por qué las embarazadas tienen andares de pato

El esfuerzo que hace la anatomía de la mujer para adaptarse al nuevo ser que crece en su interior es apasionante. No deja de sorprender cómo se hace una nueva distribución de los órganos del cuerpo para dejar hueco libre al bebé, cómo la cadera se ensancha y la espalda se arquea ¿cómo no va a cambiar nuestra forma de andar en el embarazo? sino fuese así sería imposible caminar estando embarazadas.

En el momento que la mujer decidió caminar sobre dos piernas, en vez de a 4 patas como el resto de los primates, se complicó la vida, ya que la anatomía de su cuerpo tuvo que adaptarse a esta nueva estructura que realmente dificultaba el embarazo.

Al andar erguidas la cadera se estrechó, lo que provocó que el bebé tuviera menos sitio a lo ancho para crecer; esta es la principal razón de que las mujeres demos a luz a niños tan inmaduros, ya que deben de terminar de desarrollarse fuera del útero materno, al contrario que pasa con los animales, cuyas crías nacen, en su mayoría, con la posibilidad de ponerse en pie para sobrevivir a las pocas horas de nacer.

Este bipedismo supone la razón principal del cambio en la forma de andar durante el embarazo, ya que debemos adaptarnos a las leyes de la física.

El peso añadido del bebé en la parte delantera del cuerpo hace que nuestro centro de gravedad varíe, y para compensarlo nos echamos hacia atrás, cargando todo ese peso extra sobre las últimas vértebras de la columna vertebral.

A eso hay que añadirle la abertura de la cadera en los últimos meses de embarazo, y la hiperflexibilidad de los tendones que unen la cadera con las piernas, lo que hace que las piernas se arqueen por el peso, se abran las rodillas para compensar el balanceo del cuerpo, y los pies giren hacia el exterior en la búsqueda de equilibrio, lo que provoca unos andares muy peculiares.

En realidad, esto que puede parecernos un poco grotesco, sobretodo cuando somos nosotras las que estamos embarazadas, es una avance de la evolución a nivel morfológico.

Hasta hace poco se creía que la morfología de la mujer y el hombre difería únicamente en la forma de la cadera, sin embargo, ahora, se ha descubierto que el embarazo ha modificado la estructura ósea de la mujer más de lo que se pensaba.

En esta lucha por compensar el peso añadido que supone el bebé, la mujer recarga la parte lumbar de la columna, pero para que la columna no sufra más de lo necesario, los discos intervertebrales de la mujer en esa zona son mucho más grandes para disminuir la presión en el embarazo. Pero esto no es lo único, ya que las vértebras de las mujeres se estrechan en la parte posterior creando una forma de cuña que facilita el arqueo de la espalda, y como colofón del cambio, tenemos tres vértebras al final, en vez de dos como tienen los hombres.

Los científicos han encontrado esta adaptación espinal en vértebras lumbares de la columna de fósiles de Australopithecus africanus de dos millones de años de antigüedad, lo que nos da una idea de lo increíble que puede llegar a ser la adaptación de nuestro cuerpo para conseguir la perpetuidad de la especie ¡casi nada!