Violentómetro para medir la violencia infantil

Cómo saber si tu hijo es demasiado agresivo

Estefanía Esteban

Existen dos tipos de padres: los que piensan que cualquier agresión de su hijo (física o verbal), aunque sea en defensa propia, está mal y los que piensan que depende del contexto y el 'historial'. Es decir: los que rechazan por completo cualquier tipo de violencia y los que aceptan como defensa 'algo de violencia'. Sin embargo, aquí llega la duda: ¿cuánto es 'violencia aceptable'? ¿En qué momento comenzamos a preocuparnos?

Aquí tienes un sistema orientativo para saber si tu hijo es demasiado agresivo. Se trata de un violentómetro para mediar la violencia infantil.

Descubre con el violentómetro para medir la violencia infantil si tu hijo es demasiado agresivo

Violentómetro infantil

Algunos niños son más violentos que otros. Eso es un hecho. Bien porque no controlan de forma adecuada sus emociones, porque tienen problemas externos, porque necesitan llamar la atención... Existen muchas causas que hacen que un niño sea más agresivo. Sus padres, a menudo, tienen esta duda: ¿cuándo es preocupante? ¿En qué momento necesito pedir ayuda a los expertos?

Con esta tabla, un violentómetro para medir la violencia infantil,  te explicamos cómo puedes orientarte y averiguar si tu hijo necesita ayuda para mejorar su comportamiento de forma urgente. Recuerda que es un cuadro orientativo, y que solo un experto podrá determinar al final cómo puedes ayudar a tu hijo a manejar sus emociones de forma correcta. Estos son los diferentes grados de violencia que se pueden dar en los niños: 

1. La violencia está presente, y aumentará. La violencia normalmente comienza con pequeños gestos y de forma sutil. De repente el niño, aún pequeño, le levanta la mano a su padre, y él se queda petrificado, sin reaccionar. El niño decide que puede repetirlo. Nadie le paró. Es el momento de poner las cosas claras y recriminar la niño estas acciones. Esta etapa se caracteriza por:

- El niño usa bromas y palabras hirientes para otros niños.

- Utiliza con maestría la mentira. Es capaz de acusar a otro niño de sus 'travesuras' y evadir los castigos.

- Comienza a ignorar o 'hacer el vacío' a otros niños.

- Lanza objetos en casa, tiene rabietas violentas cuando se enfada.

- Le gusta controlar la situación y rodearse de otros niños que le sigan como a un líder. 

- Se enoja de forma extrema, aún ante cosas que no deberían provocarle esa reacción. Por ejemplo, si le pides que recoja sus cosas, puede mostrar 'fastidio' y quejarse, pero si grita, llora, patalea... su enfado es desmedido. 

- Amenaza a otros niños y es capaz de ridiculizarles delante de otros. 

- Prohibe hacer cosas a otros niños. Se creen con el poder suficiente como para imponer normas incluso a sus padres.

2. Tu hijo necesita que reacciones con urgencia y le ayudes. Cuando tu hijo comienza a dominar en casa, a 'tiranizar' a sus padres, se dan todas estas circunstancias: 

- Es capaz de romper objetos personales de sus padres o de otros niños para 'hacer daño'. 

- Agrede constantemente a otros niños y él dice que es 'jugando'. 

- Sus juegos son agresivos. Siempre termina lastimando a otro niño. 

- Le gusta empujar y golpear a otros niños. Recibes numerosas quejas de otros padres o del colegio. 

- Intenta aislar a otros niños.

3. Tu hijo necesita ayuda de un especialista. Cuando no puedes controlar esta situación, llega el momento de pedir ayuda urgente a un experto. Presta atención a estas señales:

- Ha amenazado alguna vez a otros niños (o a sus padres) con algún objeto que pueda hacer daño. Incluso, un cuchillo.

- Lanza amenazas de muerte a otros niños. 

- Ejerce bullying o acoso a otro niño. 

Identificar el grado de violencia en un niño es muy importante. Es la única forma de frenar a tiempo comportamientos que podrán desbaratar su vida (y la de otros). 

Cómo frenar a tiempo a un niño violento 

Lo ideal sería no llegar al punto dos del violentómetro. ¿Cómo? Ante los primeros juegos violentos de tu hijo, siempre debes tener clara una cosa: enseñarle la diferencia entre el juego y el daño. 

- Enseña a tu hijo a jugar sin usar la violencia. 

- No dejes que siga jugando con los demás si causa daño a otros niños. Explícale la diferencia entre jugar y hacer daño.

- Busca ejercicios que le ayuden a canalizar mejor sus emociones, como el mindfulness.  Apuesta por ejercicios y juegos que ayuden a tu hijo a relajarse.

- Los niños más violentos en realidad sienten mucha angustia. Debes intentar buscar el origen de esa angustia para encontrar la solución.  

- Fortalece la autoestima de tu hijo e intenta mejorar su tolerancia a la frustración.

- Nunca le grites ni te muestres violento ante sus actos de violencia. Él tiene que ver en ti la calma y el sentido común. Eres su ejemplo. Si ante una de sus crisis agresivas, te muestras calmado e intentas transmitirle tranquilidad, luego podrás hablar con él y explicarle por qué ese es un mal comportamiento. 

- Elogia cada uno de sus comportamiento bueno. Si se calma, y expone sus preocupaciones, o después de un 'ataque de ira' reflexiona en calma y se da cuenta de su error.

- Evita los desencadenantes. Esto es: si sabes que tu hijo puede tener una crisis de ira al decirle que deje de jugar, utiliza un 'preaviso'. Suele funcionar: 'te quedan 10 minutos para apagar la consola'. Él protestará, pero no llegará a la crisis de ira. Cuando le digas que se acabaron los 10 minutos, volverá a protestar, pero evitarás una 'rabieta'.