Qué se necesita para ser una buena madre

Raquel Oberlander
Raquel Oberlander Periodista y publicitaria

¿Cómo ser una buena madre? Seguramente alguna vez te hiciste esta pregunta. La respuesta no es fácil. Y probablemente haya casi tantas posibles como personas en el planeta. Porque la maternidad es una experiencia que depende de muchísimos aspectos y seleccionar sólo algunos puede considerarse una especie de reduccionismo.  

De todos modos, en mi caso y  después de mucho pensarlo decidí que hay tres aspectos claves: la intención, la paz interior y el entorno que construyes. 

3 cosas que se necesitan para ser una buena madre 

Cómo ser una buena madre

1. La intención 

Este primer punto tiene que ver con el propósito, con querer ser buena madre y que esta actividad constituya el sentido esencial de tu existencia. Obviamente no alcanza con querer ser buena madre, pero es un buen comienzo. Para algunas personas, la maternidad o paternidad es casi un “accidente biológico” y crían a sus hijos como pueden, como les sale, pero sin intentar hacerlo mejor cada día.

Para criar bien debemos desafiar nuestra mente y nuestras emociones, cuestionarnos: está bien que lo deje ir a x lugar, que lo deje hacer tal cosa, que lo vista de esta manera, que lo alimente de tal otra. Se trata de tomar decisiones poniéndose como objetivo el bienestar de los niños, y no lo que sea más fácil, simple o cómodo. Criando de esta manera, seguramente también cometeremos errores, pero seguramente menos que sin siquiera intentarlo. 

2. La paz interior

Se trata de estar bien con uno mismo y con los demás. ¿Cómo vamos a lograr que nuestros hijos sean felices si no logramos serlo nosotros? Si vivimos frustrados, enojados con el mundo, irritados, cansados, no podemos generar las instancias de diálogo y encuentro para acompañar a nuestros hijos en su desarrollo. Está claro que todos tenemos altibajos y es normal que así sea.

Y está bien decir a nuestros hijos cosas como “hoy tuve un día difícil, no tengo muchas ganas de hablar”. Pero esto debería ser la excepción y no la norma. Llegar a casa con una sonrisa, no enojarse por nimiedades, ser pacientes y tolerantes es algo que sólo es posible si nos sentimos bien. Si hay algo que nos pueda estar incomodando, como el vínculo con la pareja, con nuestros padres, con nuestros jefes, etc. somos responsables de analizarlos, trabajarlos, superarlos y lograr sentirnos suficientemente bien como para poder criar de la mejor manera. 

3. El entorno

Este tercer punto tiene que ver con las personas que nos rodean y que tendrán vínculo con nuestros hijos. Los padres somos los primeros agentes de salud mental de los niños, pero luego están los abuelos, los tíos, las maestras, los vecinos, los cuidadores, los padrinos, etc. Los chicos a lo largo de su infancia tendrán interacciones con un gran número de personas y esas interacciones son las que irán moldeando su personalidad, interactuando con la información genética de cada niño.

Ellos no serán como nosotros queramos, sino como la vida les vaya enseñando. Por eso es tan relevante que eso que se llama medio ambiente y que será parte de la vida del niño sea un entorno saludable que también contribuya con su desarrollo. Porque no podemos estar presentes a cada minuto, pero podemos hacer lo posible para que esas otras personas con las que se encuentren sean también agentes positivos en su desarrollo.