Los niños inquietos no son niños con TDAH

¿Es necesario siempre dar medicación para el Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad?

Ana Sendino
Ana Sendino Psicóloga

En mi trabajo diario, me encuentro con familias preocupadas por niños que tienen dificultad para mantener la atención, son muy movidos, revuelven la clase y dificultan el trabajo de los profesores. Muchos vienen "prediagnosticados" de TDHA. Sin embargo, no todos los niños inquietos son niños con TDAH y, por otro lado, no todos necesitan medicación, incluso a pesar de haber sido diagnosticados con el Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad.

No porque sean inquietos son niños con TDAH

Los niños con TDAH y la medicación para su tratamiento

Si habéis tenido acceso a algún cuestionario de valoración para el diagnóstico de TDHA, os habréis dado cuenta de que la mayoría de las valoraciones están basadas en la observación de rasgos conductuales de los niños, sin consideración de su sufrimiento, su historia personal o familiar, etc.

Es posible que te suene la escala Conners, que tiene una versión pensada para padres y otra versión para los profesores. Llama la atención que, en el primer caso, enfatiza constantemente en lo mismo, variando mínimamente la expresión utilizada. Nos referimos a frases como "está siempre moviéndose o actúa como impulsado por un motor", "incansable o demasiado activo", "incansable en el sentido de no estarse quieto", etc.

Podemos encontrarnos respuestas opuestas sobre el mismo hijo incluso entre la pareja de padres. ¿Qué confianza o fiabilidad da eso? Si una madre/padre, está preocupada/o por su hijo, es más fácil que vea sus conductas problemáticas que si no está angustiado por él. Otra cuestión que me planteo es: ¿qué significa “demasiado activo” o ser “más movido de lo normal”? ¿Qué es lo normal? ¿Cuál es la línea que determina si se es activo o no? ¿Cómo se infiere que no es por algo puntual?

Resulta casi imposible, a mi modo de ver, que tras pasar este cuestionario no consideres que tu hijo es hiperactivo. ¿Dónde queda la posibilidad de entender que tanto la hiperactividad como el déficit de atención pueden ser síntomas de otro problema y no síntomas aislados que de repente ocurren porque sí?

La respuesta, si queremos encontrarla, está en el niño. En su historia, en sus relaciones, en sus vivencias, en lo que está ocurriendo alrededor de él... Y a veces, olvidamos que él tiene las respuestas.

Como padres, llenos de angustia, entiendo lo que puede calmar tener un diagnóstico. De repente te dan la solución a EL PROBLEMA.

La cuestión es que a lo mejor el niño no es el problema. Pero te dan una respuesta antes de que se puedan plantear otras preguntas. Te dan además la forma de “arreglarlo”. Una pastilla. Y el niño se calma. Ya no te llaman del colegio. Ya no se porta tan mal en casa. Todo es más fácil.

¿Medicación para el Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad?

Y todo esto, ocurriendo en un momento social, en el que vivimos con prisas, no hay espacio apenas en el que jugar o disfrutar de los hijos. Si tienes la suerte de tener un trabajo, quizás no tengas la tarde para compartir con ellos, y el tiempo que queda, apenas llega para hacer los deberes, baño y a la cama.

Entiendo que estamos en las condiciones idóneas para que se continúe medicando a los niños. Para no tener tiempo a cuestionarnos qué otra cosa puede estar pasando.

Pero me gustaría que los padres supieran que el metilfenadato (Ritalin, concerta, etc.) es un  psicoestimulante. La DEA y otras entidades homólogas clasifican el metilfenidato y la anfetamina en la misma categoría que la metanfetamina, cocaína y los opiáceos y barbitúricos más potentes, categoría que sólo incluye drogas con mayor potencial de adicción y abuso.

Todas afectan a las mismas zonas del cerebro y a los mismos neurotransmisores. Perturban el crecimiento al suprimir el apetito y al alterar la producción de hormona del crecimiento; afectan al sistema cardiovascular y comúnmente producen efectos mentales adversos, incluyendo depresión. Todo esto unido a que se carece de información sobre los efectos del metilfenadato a largo plazo.

La situación es difícil y las condiciones buenas para que siga siendo así. Pero las cosas pueden cambiar.

Existen profesionales que se plantean otras posibilidades y solo prescriben medicación para el TDAH cuando se necesita contener la impulsividad/actividad del niño si está interfiriendo en su vida diaria, de forma temporal y siempre junto a otras las intervenciones psicológicas, sociales y educativas.

Hay familias que desconocen toda la información en relación a los posibles efectos adversos a la medicación, y es necesario tomar conciencia. Con todo esto, como mínimo me parece psicoestimulante el desafío de cambiar la situación. ¿No creéis que merece la pena seguir caminando?

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