Cómo ayudar a los niños a resolver sus conflictos

La búsqueda de la autonomía e independencia suele comenzar a través de ciertos logros en la comunicación, el autocuidado como vestirse o lavarse la manos y los dientes, la realización de pequeñas tareas tanto en el entorno escolar como en el familiares asumiendo alguna responsabilidad o realizando deberes, pero estas habilidades tienen que ampliarse al ámbito de las relaciones sociales: los niños deben aprender a manejar sus propios conflictos.

Todos hemos vivido alguna circunstancia, especialmente con los hermanos o en el colegio, en las que hemos tenido que defendernos, nos hemos visto desbordados por sentimientos de impotencia, angustia o incomprensión y quizás no hemos estado preparados para enfrentarnos a estas peleas o malentendidos.

Cómo educar a niños autónomos

Niña se burla de un niño

Las peleas entre niños no nos resultan ajenas, en las interacciones con los iguales se producen no sólo juegos y amistad, sino también desavenencias y conflictos para los que nuestro hijo debe desarrollar habilidades oportunas. Hay niños que son presa fácil para otros compañeros que les hacen la vida imposible, bien insultándoles, pegándoles o humillándoles. Los niños que tienen temperamento dócil o son tímidos muchas veces evitan los conflictos, sufriéndolos en silencio. Han escuchado a sus padres y profesores que deben tratar con respeto a los demás, que no deben pegar ni discutir, que deben ser obedientes, pero ¿qué ocurre cuando es el compañero el que no cumple estas normas sociales?

A veces, es bastante difícil guiar a nuestros hijos para que adquieran habilidades relacionadas con la regulación del propio comportamiento hacia los demás, para saber cuándo debe involucrar a los adultos y cuándo debe resolver sus propios conflictos. No creo que haya que decirles a los hijos lo de 'si te pegan, tú pega', ya que se intenta solucionar una mala actuación con otra igual de mala (yo, personalmente, no creo en el ojo por ojo y diente por diente, pero sí en combatir las injusticias y abusos). El equilibrio quizás está en que el niño aprenda a discernir cuándo un asunto es lo suficientemente grave como para involucrar a los adultos o cuándo debe realizarlo por sus propios medios.

Pese a nuestras enseñanzas en favor de la convivencia y la paz son muy necesarios, no debemos potenciar en nuestros hijos comportamientos pusilánimes en los que prefieran ignorar o esquivar problemas con los demás, antes que defenderse. Los niños tienen que adquirir la habilidad de responder con contundencia a los ataques injustificados y amenazas, haciendo, si hace falta, uso de los que realmente tienen autoridad en las situaciones. El niño debe aprender tanto a pedir justicia como a defenderse por sus medios.

Patro Gabaldón. Redactora de Guiainfantil.com