Niños con emociones a flor de piel

Desde que nació mi bebé lo supe. Por la forma de recogerse entre mis brazos, pronto me di cuenta de que era de otra pasta, más sensible que sus hermanos. A medida que iba creciendo, poco a poco, llenó nuestras vidas de felicidad porque no se cansaba de regalar y recibir besos y abrazos, porque se le veía disfrutar con nuestra compañía cuando le mecíamos o le acariciábamos.

Niños sensibles desde el nacimiento

Niños con emociones a flor de piel

En definitiva, una suerte, todo un privilegio para vivir intensamente el día a día. Los niños sensibles gozan con el cariño físico, se entristecen profundamente cuando su papá o su mamá se enfada con ellos o cuando su mejor amigo les dice que ya no quiere jugar con él, lloran viendo la película de El Rey León y se emocionan con la lectura de un cuento.

Recuerdan y relacionan los colores, la música, los sabores o los olores con las experiencias vividas, representan detalles inusuales en sus dibujos y responden con una mayor intensidad a las palabras o a los gestos cuando se sienten heridos. Los niños sensibles perciben y expresan pena, alegría o amor intensamente.

Son sensibles a la vida, ya que son capaces de gozar con un juego o con un abrazo. Lejos de ser un defecto, la sensibilidad es una gran virtud que los padres podemos reforzar y estimular. Desde pequeños, estos niños son capaces de sorprendernos con un sexto sentido para evaluar a las personas, son receptivos a las expresiones de la cara, a la mirada y, al mismo tiempo, se sienten atraídos por las personas sencillas.

Viven pendientes del estado de ánimo de las personas a su alrededor: "¿mamá, te pasa algo? ¿papá, estás enfadado?" y les genera una gran pena dañar al otro porque son más empáticos y sintonizan con las emociones del otro. A veces, nos gustaría que fuese más "duro", por eso, según los psicólogos, es importante enseñarles a decir "no", a fomentar que expresen con seguridad y convicción sus ideas y opiniones, a describir las situaciones o los problemas de forma neutral sin hacer de las dificultades una tragedia y a desarrollar estrategias para defenderse. Como padres debemos estar atentos para no someterles a experiencias que no puedan manejar, para evitar señalar sus errores en público, sin avergonzarles por sus acciones y, sobre todo, para no inhibirles en la expresión de sus afectos.

Marisol Nuevo.