Tras la larga Cuaresma, la Semana Santa es una de las más importantes fiestas religiosas para los cristianos. Se inicia con el Domingo de Ramos cuando los fieles van a misa con ramos de olivo (símbolo de la entrada y del recibimiento de Jesús Cristo en Jerusalén) para que reciban su bendición, y se culmina con el Domingo de Pascua que significa Nacimiento, Resurrección. En esta Semana se recuerda la Pasión, la muerte, y la resurrección de Cristo. El Jueves, día en el que se conmemora la Última Cena, es cuando la liturgia religiosa adquiere su mayor importancia. Es cuando se recuerda el sufrimiento de Cristo en su marcha hacia el Calvario, y su posterior crucifixión.
La Semana Santa se concluye en el domingo, con la Pascua de Resurrección, recordando y celebrando el paso de la muerte a la vida de Cristo, hijo de Dios.
Es en la Pascua donde se asienta, se basa, y gira toda la vida del cristianismo. Su tradición es antigua y es una fiesta que es celebrada por más de 1000 millones de fieles en todo el mundo.
Los huevos de pascua
El Domingo Santo es uno de los días del año en el que se consume más chocolates. El huevo de pascua, desde los principios de la humanidad, fue sinónimo de fertilidad, esperanza y renacimiento. En la mitología egipcia, el huevo alcanzó importancia cuando el ave Fénix se quemó en su nido y volvió a renacer más tarde a partir del huevo que lo había creado en un principio. Los hindúes también sostenían que el mundo había nacido de un huevo. En la Edad Media los huevos de pascua eran de gallina y de pato. Y eran obsequiados a los niños durante las celebraciones. Los cristianos adoptaron esa tradición y, probablemente debido a la prohibición de comer huevos durante 46 días de penitencia (cuaresma), decretado por la iglesia en el siglo IX, fue lo que hizo tan popular su consumo tan pronto empezaba la Pascua. Los huevos eran guardados durante los días prohibidos, y cuando se terminaba esta etapa de ayuno, se regalaban unos a los otros. Para conservar y mantener frescos a los huevos se los bañaban con una fina capa de cera líquida, creando así la costumbre de colorearlos y decorarlos para regalárselos después.
A principios del siglo 19 ya empezaban a hacer huevos hechos de chocolate, con regalos en su interior, por los alemanes, italianos y franceses.
Las duras prácticas de penitencia y ayuno se suavizaron con el tiempo, pero la tradición de celebrar la Pascua comiendo y regalando huevos todavía sobrevive.
¡Feliz Pascua para todos!
La Semana Santa también trae recuerdos culinarios. En muchos países es usual que se preparen platos relacionados a esta fiesta religiosa. Normalmente son platos que se adecuan a las tradicionales costumbres alimenticias de abstinencia (vigilia). Hemos preparado algunas recetas que seguro os va a encantar.