Trucos para motivar a los niños a comer. Por qué no come mi hijo

Los padres tienen una gran responsabilidad a la hora de transmitir buenos hábitos alimenticios

Lucía Rodríguez Pérez
Lucía Rodríguez Pérez Técnico Superior en Dietética y Dietista- Nutricionista

Muchas veces ocurre que los niños dejan de comer sin un motivo aparente. Es una situación que a los padres les resulta muy chocante y, como es normal, se preocupan por la salud de su hijo y hacen todo tipo de estrategias, juegos y virguerías, poniendo su imaginación al límite, para intentar animar al niño a comer. Aquí tienes unos trucos para motivar a los niños a comer.

Por qué no come mi hijo

cuando el niño no quiere comer

Hay que saber que las necesidades nutricionales de los niños cambian a lo largo de su infancia debido principalmente a los cambios en su desarrollo y crecimiento. El crecimiento de los niños es el principal factor implicado que afecta a esas necesidades. Es lógico pensar que cuanto más rápido crece un niño más alimento necesita, pero ese crecimiento en la infancia no tiene siempre la misma velocidad.

El crecimiento de un bebé es mucho más rápido el primer año de vida que de los 2 a 6 años de edad. Un bebé durante el primer año de vida crece aproximadamente 20 cm y engorda 6-7 Kg. Por ese motivo, entre el año y medio y los 5-7 años, el apetito de los niños puede verse reducido si lo comparamos con como comía antes. Comemos porque estamos creciendo, no crecemos porque hemos comido.

Otro factor que puede influir es la existencia de alguna enfermedad del tipo que sea. Si nos paramos a pensar, los adultos también pasamos por momentos o situaciones en las que nuestro apetito cambia y disminuye. Es una situación pasajera, sabemos que en unos días pasará y, por ello, no le damos excesiva importancia. A los niños les ocurre lo mismo. Cuando salga de esa situación puede ser que coma más durante unos días para recuperar lo perdido.

Hasta aquí podemos entender que son unos procesos por el que pueden pasar todos los niños, pero también existe una variable externa al organismo: consumo de productos hiperpalatables. Por regla general se asumen de 3 a 5 comidas al día. Normalmente y, otra causa de esa inapetencia del niño, es el consumo de productos ultraprocesados con gran cantidad de azúcar, grasas y harinas refinadas en el desayuno, almuerzos y meriendas.

Si a un niño le damos para desayunar un vaso de leche con cacao azucarado y galletas y almuerza un yogur azucarado con unas galletas con chocolate, lo más seguro es que a la hora de la comida no tenga hambre. A esa falta de hambre, se suma que los alimentos que incluimos en la comida como las verduras no son ni tan atractivos ni tan apetitosos como los anteriores. Llega la hora de la merienda y les ofrecemos un bocadillo de embutido con un zumo envasado. ¿Qué crees que pasará en la cena…?

Los productos ultraprocesados contienen gran cantidad de calorías varías, que sacian el apetito de los niños, y al ofrecerles en posteriores ingestas alimentos saludables les resultarán menos atractivos y lo rechazarán.

Hambre, apetito y saciedad en los niños. ¿Qué es cada cosa?

inapetencia en los niños

También es importante conocer estos términos y saber diferenciarlos. El hambre es la necesidad o las ganas de comer, es un impulso del organismo para su supervivencia. El apetito, en cambio, es la sensación de ganas de comer de determinada comida o alimento. La saciedad es la percepción que tiene el cuerpo humano de no tener necesidad inmediata de ingesta de alimentos.

Nacemos con un mecanismo de autoregulación del hambre-saciedad que con el tiempo y, debido principalmente a nuestros hábitos, suele verse alterado. Es muy importante mantenerlo intacto, respetando las decisiones de los niños para que aprendan a identificar las señales de su cuerpo.

Cómo puedo motivar a mi hijo a comer

motivar al niño a comer

Es muy importante tener en cuenta algunas premisas para motivar o animar a los niños a comer:

1. Ofrecer alimentos saludables y tenerlos siempre a su disposición y alcance
Disminuir la oferta de dulces, bollería y chucherías y aumentar la comida saludable como las frutas y las verduras.

2. Adaptar la cantidad de alimento
No podemos pretender que un niño vaya a comer la misma cantidad de alimento que un adulto. Ajusta la cantidad de verduras que le ofreces (tienen mucha fibra y pocas calorías), una porción pequeña puede ser suficiente para que se sacien.

3. No obligar a comer
Es la premisa más importante. Ofrecer siempre alimentos saludables, pero no obligar a comerlos. Si el niño lo tiene a su alcance, en algún momento dará el paso a probarlos. Si está comiendo y no quiere más, respetar su decisión para mantener intactos sus mecanismos de saciedad.

4. No ofrecer productos insanos a modo de recompensa
Si hacemos chantaje a los niños con alimentos saludables y con productos ultraprocesados, verán estos últimos como los alimentos buenos y los alimentos saludables como los malos.

5. Ofrece alimentos nuevos o que nos les gusta en pequeña cantidad
También puede ser combinados con sus platos preferidos o creando platos atractivos y muy visuales. Si se niega a probarlo, no desistir y continuar ofreciéndoselos.

6. Hacer que participen en la preparación de las comidas
Eso les hará que se les despirten sus ganas por probar nuevos alimentos y hará que el momento de la comida más divertido y atractivo.

7. Dar ejemplo y come de forma saludable
Los niños aprenden por imitación de su entorno más cercano. Si te ven comer verduras, ¡ellos lo harán! Y si te en tomar azúcar, ¡también lo harán! En tu mano está una gran responsabilidad.

8. Comer en familia
Debe ser un momento agradable, sin prisas ni distracciones (tv, móviles, tabletas,…) Un instante del día para hablar de lo que nos ha pasado a lo largo del día y de transmitir buenos hábitos.

Y, también, y como señala el pediatra J. Bras i Marquillas en su informe 'El niño mal comedor' hay unos errores de aprendizaje alimenticio que muchos veces los padres cometemos y que debemos evitar, como distraer al niño para que coma, intentar convencerlo o persuadirle mediante premios o castigos, chantajearlo, obligarlo físicamente (metérselo en la boca) y/o amenazarlo para que coma.

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