El peligro de convertir la comida en premio o castigo para los niños

A través del acto de sentarnos a la mesa, también estamos educando

Carlota Reviriego
Carlota Reviriego Nutricionista

La comida se puede convertir para muchas familias en un motivo de discusión continuo cada vez que se sientan alrededor de la mesa. Cuando toca un niño que no quiere comer o que tarda mucho en ingerir ciertos alimentos, los padres a veces se desesperan y cometen el gran error de convertir la comida en un premio o en un castigo. ¡Descubre las consecuencias de esta conducta tan habitual!

La alimentación, una poderosa herramienta de crianza 

Por qué no debes convertir la comida en un premio o un castigo

La alimentación consiste en suministrar al organismo los nutrientes que necesita para que todos los órganos, tejidos y células puedan realizar sus funciones con normalidad. Sin embargo, mediante el acto de comer, no solo alimentamos al organismo de manera física, sino que también la comida se convierte en un acto social con un componente emocional.

A nivel físico, es una dieta sana y equilibrada la que mejor alimenta a nuestros hijos, aquella que proporciona energía y contiene todos los nutrientes esenciales (básicamente vitaminas, minerales, aminoácidos y ácidos grasos, carbohidratos y agua).

Dejando a un lado la parte física del acto de alimentar a nuestros hijos, el acto de sentarnos a la mesa con nuestros hijos es un acto social y emocional, una herramienta de crianza a muchos niveles:

- Somos ejemplo para nuestros hijos, tanto en el que comemos como en el cuanto comemos.

- Establecemos unos hábitos alimentarios correctos, escogiendo alimentos y métodos de cocinado saludables.

- Nos comunicamos, utilizamos este tiempo sentados en la mesa para compartir nuestro día a día permitiendo establecer un vínculo, una estrecha comunicación entre todos los miembros de la unidad familiar.

- Enseñamos a nuestros hijos que la comida es parte importante de las celebraciones y reuniones familiares.

Por qué no debes convertir la comida en un premio o un castigo

Sin embargo, uno de los problemas que podemos encontrarnos al utilizar la comida o el acto de comer como una herramienta de crianza es saber dónde establecer el límite. Pues bien, el límite está en el momento en el que utilizamos la comida para “amenazar” a nuestros hijos sobre lo que deben o no deben hacer y para ello la utilizamos como premio o como castigo. No debemos dejar que nuestra herramienta se convierta en un arma de doble filo. ¿Qué pasa cuando premiamos o castigamos a los niños con comida?

- Premiar con comida poco sana
En ocasiones se utiliza la comida para premiar un comportamiento adecuado, como cuando comparten un juguete o escuchan pacientemente. En general, se suele utilizar como premio comida que no consideramos saludable, como los dulces, las chuches o la comida basura. Ni el azúcar ni las grasas saturadas o las grasas trans son saludables y debemos tratar de incluirlo lo mínimo posible en la dieta de nuestros hijos.

Utilizando estas comidas como premio, les damos una importancia especial que dista bastante de lo que buscamos, alejarlas de su dieta. Existen otras maneras de afianzar o 'premiar' los buenos comportamientos que no utilicen la comida, como ir añadiendo canicas a un bote cada vez y escoger una actividad especial para realizar en familia.

- Castigo a comer algo que no gusta
Castigar al niño a comerse el plato de acelgas cuando se ha portado mal o ha pegado al hermanito, no va a solucionar el problema original, y mucho menos va a ayudarle a establecer unos hábitos de alimentación correctos. La verdura y/o la fruta aporta vitaminas, minerales y fibra necesarios para la dieta infantil y debe formar parte de ella, pero, si al niño no le gusta y le castigamos a comerla, lo más probable es que termine aborreciéndola.

- Castigo sin algo que es poco saludable
En la misma línea, y aunando los dos puntos anteriores, no podemos castigar al niño sin un dulce o sin un postre porque se haya portado mal, del mismo modo que no podemos amenazarle a dejarle sin el dulce para que cese en ese mal comportamiento, ya sea una rabieta en el super o que ha desobedecido deliberadamente.

El postre, para empezar, no debe ser un dulce, y castigando al niño sin comerlo estamos retirando comida poco saludable, que no debería formar parte de su dieta habitual, para darles una lección. El niño debe saber que en casa no se comen comidas poco saludables, y no se 'ganan' ni se 'pierden', pero que, a lo mejor, cuando hay una fiesta o un celebración, estas comidas van a estar disponibles y está bien comerlas, así les no les damos ninguna importancia 'educativa'.

En resumen, debemos intentar que el niño no establezca una asociación positiva entre una comida poco sana o excesivamente dulce y un buen comportamiento, o al contrario, una negativa entre una comida que no le gusta y un castigo, para evitar intensificar sus aversiones o aumentar la excitación ante comidas inadecuadas.

Existen maneras de gestionar las emociones y el comportamiento de nuestros pequeños que no consisten en guardar la comida para la merienda o la cena para el desayuno, y que no ponen la comida en el punto de mira, solo debemos encontrar la que funciona para nuestra familia.