Cuando los niños imitan la mala conducta de sus padres

Los niños imitan todo lo que los padres hacemos

Sara Tarrés
Sara Tarrés Psicóloga Infantil

Gritos, insultos, golpes, patadas, groserías y otras malas conductas de los niños pueden ser el reflejo de lo que ven en sus hogares. Sabemos que los niños aprenden en gran medida por observación e inevitablemente acaban imitando todo cuanto ocurre a su alrededor sea bueno o malo.

En su afán por aprender a manejarse por un mundo que todavía no entienden no distinguen entre lo correcto de lo inaceptable, sobre todo cuando lo que imitan son conductas de sus principales agentes de socialización, sus padres. 

Los padres modelan la conducta de sus hijos

Los niños imitan a sus padres, en lo bueno y en lo malo 

Los padres tenemos una poderosa influencia sobre el comportamiento de nuestros hijos. Somos su principal fuente de aprendizaje, sus referentes más importantes durante sus primeros años de vida y, por tanto, su comportamiento es en parte el reflejo del nuestro. Pero no siempre somos conscientes de ello. 

En ocasiones pasamos por alto el impacto de nuestras acciones sobre el comportamiento de los niños. Ellos, ávidos como están por aprender, nos observan atentamente e imitan frecuentemente, en lo bueno y en lo malo, en las virtudes y en los defectos. Es en esto último sobre lo que debemos prestar atención y actuar para que los niños no acaben imitando la mala conducta de sus padres, es decir, nosotros.

Educar es difícil y exige que los padres estemos ahí, presentes y conscientes de lo que hacemos pero también de lo que decimos y del modo cómo lo decimos, incluyendo el tono o la actitud que tomamos al dirigirnos a alguien. Y pese a que no siempre podemos estar de buen humor y tener una sonrisa preparada sí podemos hacer mucho para intentar ser el mejor ejemplo para los niños. 

Si queremos que nuestros hijos sean personas educadas, cívicas y responsables el primer paso a dar es mirar nuestras propias conductas. Los niños necesitan referentes positivos, padres que sepan poner límites y normas coherentes. No podemos pedir a los niños que no griten gritándoles, o que no peguen cuando nosotros tenemos la mano floja.

Sin darnos cuenta, todo cuanto hacemos a lo largo del día en presencia de los niños tiene una enorme influencia sobre ellos y sobre el modo de ser y de expresarse que tendrán posteriormente. Los niños más que sermones y regañinas necesitan buenos ejemplos a imitar.

La forma de rectificar la conducta de los niños, en muchas ocasiones, pasa por modificar la conducta de los padres. Más que intervenir directamente sobre el niño debemos actuar sobre la nuestra, dejando de gritar o de perder los papeles ante situaciones que nos estresan o sobrepasan. Dejando de ser groseros con ese árbitro en los partidos o con el conductor que nos ha adelantado, por poner dos ejemplos cotidianos y más usuales de lo que nos pensamos.

Educar es una carrera de fondo para la que debemos estar preparados. Exige un alto compromiso para ofrecerles la atención, el cuidado y el cariño que necesitan en todo momento a la vez que debemos mostrar la mejor versión de nosotros mismos para darles el mejor de los ejemplos.