Niños extremadamente buenos, ¿cómo lograr que no abusen de ellos?

Cómo proteger a los niños que son tan buenos que no tienen maldad

Borja Quicios
Borja Quicios Psicólogo educativo

El temperamento viene marcado por los genes desde que nacemos. Así, los niños desde edad muy temprana pueden tener tendencia a ser nerviosos, intranquilos, irritables, asustadizos, etc.

Es posible que nuestro hijo sea obediente, tranquilo, callado, ordenado, responsable, protector,… Esta manera de comportarse de un modo tan perfecto le puede llegar a definir como un niño extremadamente bueno pero, ¿es posible que esta conducta haga que los demás abusen de ellos?

Cómo se comporta un niño “extremadamente bueno”

Niños muy buenos

Así son los niños extremadamente buenos:

- Está dispuesto a atender las necesidades de los demás antes que las suyas, llegando a hacer cosas que no quiere con tal de agradar y de hacerse ver ante los otros.

- Intentan hacer todo ellos de manera autónoma para que los demás se alegren y no tengan que prestarles ayuda.

- No manifiestan emociones agresivas. No se enfadan, no se enrabietan.

- Suelen relacionarse poco con otros niños y obedecen siempre a los adultos.

- Ceden ante los demás, se dejan llevar y no saben defenderse.

Cómo proteger a los niños que son muy buenos

La mayoría de los progenitores creen que tener un hijo tan bueno es ideal. Sin embargo, este tipo de niños que pasan desapercibidos, que no fastidian y, por tanto, son dóciles y obedientes, debería ser objeto de preocupación de los adultos. Si bien el comportamiento de estos niños puede resultar cómodo para su educación, los pequeños tendrán dificultades.

Y es que este tipo de comportamientos sumisos y amables que le hacen “extremadamente bueno” a los ojos de los demás hace que muchas veces no se le preste al niño la atención que precisa y puede convertirle en el blanco de abusones. Para que estos niños “demasiado buenos” no se dejen dominar, y que no abusen de ellos, los padres deben intentar solucionar algunos aspectos de la educación que ejercen sobre sus hijos:

- Comunicación. Los padres tienen que hablar con sus hijos con frecuencia, escucharlos sin juzgar, ni minimizar sus problemas. Así, los niños sentirán confianza y pedirán ayuda cuando se enfrenten a una posible situación de acoso.

- Las normas y los límites. Es importante que los padres siempre traten de poner un tipo de normas y límites adecuados a la edad del niño. No debe de darse una disciplina férrea, ni sumisa. En el equilibrio está la clave.

- La autoestima del niño. Los padres deben poner esfuerzo en que los pequeños no se puedan considerar inferiores. Por tanto, hay que reforzar la autoestima de los niños siempre que se pueda. Para ello, será clave mejorar la socialización con sus iguales buscando un entorno en el que se sienta más seguro y comprendido.

- Autonomía. Hay que dejarle hacer las cosas que pueda realizar solo. Los padres tienen que ponerle metas adecuadas a su edad y a sus capacidades para que las vaya superando él mismo. Así se asentará las bases para que vaya siendo capaz de pensar por sí mismo y en un futuro tenga las herramientas para poder resistir la presión de grupo.

- Que sepan identificar conductas inapropiadas. Cuando se dan comentarios y acciones abusivas e inapropiadas, al ser niños “tan buenos” pueden parecerles una tontería y no les dan importancia cuando en realidad pueden ser señales de un posible acoso.

- Enseñarles a decir NO. Los acosadores sienten la seguridad de que sus víctimas nunca les van a contradecir. Por tanto, es bueno que este tipo de niños aprendan desde muy pequeños a plantar cara ante las situaciones que no les agradan sabiendo decir NO, alto y claro.