Niños malos o niños buenos de nacimiento, ¿es posible?

Por qué decimos que hay niños malos por naturaleza

Patricia Fernández Pérez
Patricia Fernández Pérez Redactora en Guiainfantil.com

¿Existen los niños malos? ¿puede el niño nacer con una predeterminación para ejercer la maldad? ¿podemos cambiarle con una buena educación? Cuando el niño no quiere comer, se revela ante nosotros, nos cuestiona, nos pone en evidencia delante de los demás, o se niega a obedecer, decimos que el niño es malo; mientras que si se comporta de una forma correcta, es dócil, y obediente, le etiquetamos de bueno.

Hay diferentes corrientes de pensamiento al respecto, aunque la mayoría de los psicólogos alegan que no existen niños malos o niños buenos de nacimiento.

No existen niños malos o niños buenos de nacimiento

No existen los niños malos

En la antigüedad se pensaba que los niños nacían salvajes y malos por naturaleza, y éramos los padres los que les educamos a vivir en sociedad, moldeando sus mentes egoístas hacia la convivencia.

Hoy día existe una corriente psicológica que también apoya que los niños nacen buenos o malos según su genética. Defienden que una parte de la personalidad del niño es innata al individuo y que, por tanto, la maldad, el egoísmo, la tendencia a la mentira, etc, puede ser innato en el niño, y los padres debemos corregirlo.

Sin embargo, la mayoría de psicólogos están de acuerdo en que no existen los niños malos o niños buenos de nacimiento, sino que somos nosotros, los adultos que estamos a su alrededor, los que les etiquetamos por su comportamiento.

Esta rama más positiva de la psicología, defiende que el niño no tiene desarrollada su personalidad hasta los 18 años, por lo que es imposible clasificar a un niño como “malo”. Es más, insiste en que somos los adultos los que equivocamos un comportamiento concreto con la personalidad del niño; es decir, si un niño nos desobedece decimos que es malo, cuando realmente está teniendo un comportamiento inadecuado, aunque este se repita en el tiempo. Esto es una forma de actuar, no una forma de ser.

Estas etiquetas influyen muy negativamente en el niño, que termina asumiendo su papel de “malo o bueno” porque los demás le definen así; esto es lo que se conoce como el Efecto Pigmalión. Este efecto revela que la creencia que una persona tiene sobre otra puede influir en la conducta de esta otra persona. Y, por otro lado, los adultos no trataremos en igualdad de condiciones a un niño al que le hayamos asignado la etiqueta de malo que a uno bueno.

Un niño al que continuamente le recordamos su etiqueta, sea cual sea, terminará asumiéndola y comportándose como los demás esperan que lo haga, por lo tanto estaremos reafirmando el comportamiento que queríamos erradicar.

¿Qué hay que hacer cuando el niño se comporta mal?

Lo que los padres y profesores llamamos comúnmente “portarse mal” suele estar referido a un comportamiento que desafía a la autoridad, que critica nuestras decisiones, que se niega a obedecer. Es cierto, que estos comportamiento deben corregirse en cierta medida, ya que el niño debe ser aceptado por el resto de la sociedad y aprender a convivir con sus profesores y amigos, pero nunca debe hacerse desde la fuerza, ni desde la venganza “si tú me haces sufrir, yo te voy a hacer sufrir a ti”.

Por lo normal, un niño desafiante es aquel que se cuestiona las cosas, que se hace preguntas y que nos reta, y esos son comportamientos que valoraremos en un futuro, cuando sea un adulto. Por lo tanto, es un niño que suele responder mejor a los estímulos positivos, los pactos y los diálogos.

Suelen ser niños que quieren llamar la atención, que reclaman más diálogo con los padres, que quieren explicaciones de cómo funciona el mundo. Así, los padres tendrán que tener más paciencia y hacer un mayor esfuerzo por explicarles las cosas, una y mil veces, dedicarle más tiempo, darle ejemplo y no etiquetarle jamás. Deberán tratar sus comportamientos como algo aislado, y atender a la conducta concreta.

Por otro lado, debemos tener en cuenta lo complicados que somos los adultos: por un lado le pedimos al niño que no cuestione nuestra autoridad, que sea moldeable, que obedezca lo que le pedimos sin rechistar, pero también queremos que se vuelva independiente, que sea autocrítico, que cuestione las normas como parte de su crecimiento personal, y que no agache la cabeza, entonces ¿realmente pensamos que esos comportamientos son malos o sería mejor educar a niños más molestos pero con un pensamiento más libre? Cada uno que decida por sí mismo.