Qué puede ocurrir si sobreestimulamos a los niños

Cuando los niños reciben una estimulación excesiva

Jimena Ocampo Lozano

En los últimos tiempos se oye hablar mucho de estimulación infantil, estimulación temprana, etc...y debemos tener claro qué es y qué no es la estimulación.  

Cuando hablamos de estimular al bebé, hablamos de facilitar espacios y contextos de aprendizaje, de despertar sus sentidos, la curiosidad del niño, facilitarle experiencias variadas, pero también de permitirle que descubra por sí mismo y vaya poco a poco madurando y creciendo.

Estimular no significa acelerar su desarrollo, ni adquirir ciertas habilidades antes de tiempo, ni ofrecerle continuamente actividades y materiales  para que "se desarrolle más rápido" o "aprenda más". Estimular implica conocer y respetar el momento evolutivo de cada niño, y darle lo que necesita y lo que por edad puede hacer. 

¿Qué es la sobreestimulación y qué riesgos tiene? 

sobreestimular a los niños: riesgos

Hablamos de sobreestimulación o hiperestimulación cuando proporcionamos al niño estímulos superiores a los que pueda tolerar en relación a su edad o en cantidad tal que no puede procesarlos adecuadamente. O cuando pretendemos que el bebé o niño esté siempre activo y haciendo cosas sin valorar la importancia que tiene que el niño esté tranquilo y en calma.  Si le proporcionamos juegos o juguetes con cantidad de ruidos, luces, botones, imágenes, o cuando les sentamos sin límite delante de la tele o la tablet viendo dibujos para que estén entretenidos.  

De acuerdo a los resultados de un estudio realizado por el grupo de investigación "Neuroplasticidad y Aprendizaje", de la Universidad de Granada (UGR), coordinado por Milagros Gallo, la sobreestimulación puede afectar el aprendizaje en forma negativa. Según este estudio, “el exceso de estímulos genera en los niños un nivel de tolerancia, es decir, llega un momento en el que los estímulos ya no generan la misma satisfacción, por lo que es necesario buscar más”, lo que puede dar lugar a niños "demasiado inquietos", casi hiperactivos, pero que sería mejor decir "hiperestimulados".

Sobrecargar el cerebro de estímulos produce, además, que el cerebro no sepa a qué estímulos atender, y que, ante la ausencia de estímulos,  el cerebro no se active es decir, el nivel de estimulación debe ser muy alto para que se ponga en marcha. Lo que se traduce en dificultades o problemas atencionales. 

Otro de los riesgos es que los niños se frustren, si por ejemplo le proporcionamos un juguete o actividad para el que no está preparado, no podrá hacerlo, y se sentirá frustrado por no poder completarlo o realizarlo correctamente y acaben teniendo un concepto de sí mismo negativo, lo que influirá en su autoestima

En resumen, los riesgos de la sobreestimulación son las dificultades de atención, niños demasiado "inquietos" y frustración.

Por lo tanto, si queremos estimular a nuestro bebé, es importante conocer qué puede hacer el niño en cada momento, y respetar tanto el carácter del niño, como sus intereses y valorar también los tiempos de calma del niño.