Por qué las madres necesitamos dormir más

Alba Caraballo

¿Recuerdas cuando no eras madre y dormías toda la noche de un tirón?, ¿Cuando ninguna tos infantil te despertaba o no tenías que acudir tres veces en una noche a ver si tus hijos están bien arropados? 

Para la mayor parte de madres, dormir las 8 horas reglamentarias es un sueño, valga la redundancia. Y es que, generalmente somos nosotras quienes dormimos con el ojo medio abierto o nuestros hijos acuden a nosotras si han tenido una pesadilla. Pues bien, la ciencia dice que necesitamos dormir más que los hombres. La razón la encontramos en nuestro cerebro. 

La capacidad multitarea de las madres exige dormir más

Por qué mamá tiene que dormir más que papá

Un estudio realizado por el Centro para la Investigación del Sueño de la Universidad de Loughborough (Reino Unido) afirma que las madres han de dormir 20 minutos más que los padres. ¿En qué se basan?

Las mujeres tendemos a ser multitarea, es decir, tenemos la habilidad de poder desempeñar varias acciones a la vez. Esto es debido a que disponemos de una estructura cerebral más compleja que los hombres. Esta es la razón por la que el tiempo de sueño debería ser superior. Es posible que muchos hombres se revelen al leer esto, sin embargo, que estamos programadas para la multitarea no sólo lo probamos las mujeres, sino que lo afirma este estudio llevado a cabo por el profesor Jim Horne. 

El sistema operativo de las madres tiene la capacidad de ejecutar varias acciones al mismo tiempo sin que el resultado final se vea alterado. Esto, por supuesto, no es sencillo y entraña un desgaste. El cerebro, que ha estado haciendo "horas extras", necesita más tiempo para recuperarse. La manera en la que el cerebro se recupera es con un reparador sueño. 

Horne explica con basta con 20 minutos extras para recuperar nuestras funciones de "supermamás". Quizás pienses que es imposible, pero deberías al menos intentarlo, y es que dormir mal en las mujeres está asociado con la ansiedad, aumento de enfermedades cardíacas, diabetes, depresión, ira, estrés e incluso obesidad. 

Está claro, en vez de salir corriendo a ver qué le pasa al niño cada vez que tose, debemos empezar a eliminar tanta autoexigencia y dejar que los papás acudan en caso de que nuestros hijos tengan pesadillas, pis, miedos, sed, fiebre, mimos, ganas de hablar o las mil y una cosas que pueden ocurrir cuando la luz se apaga... ¡Dulces sueños!