Ejercicio para ayudar a los niños a controlar la ira

Cómo enseñar al niño a controlar la ira

Sofía Gil Guerrero
Sofía Gil Guerrero Psicóloga General Sanitaria

La ira es una emoción tan necesaria como cualquier otra. Es un sentimiento de enojo o enfado de intensidad variable, es decir, puede oscilar entre un simple mosqueo hasta un estado de máxima furia.

No podemos dejar que nos controle, tenemos que aprender a manejarla nosotros a ella. No podemos evitar tener esta emoción, por ello, debemos aprender a convivir con ella para que juegue a nuestro favor y no en nuestra contra. Y, ¿por qué no aprender a hacerlo desde niños? Este ejercicio para ayudar a los niños a controlar la ira puede ayudarnos. 

¿Cómo enseñar al niño a controlar la ira?

Cómo trabajar el control de la ira con los niños

Normalmente, cuando sentimos ira reaccionamos de manera agresiva. Y, esto le sucede especialmente a los niños que son menos hábiles en el manejo de esta emoción. Por su corta edad, aún no han aprendido a hacerlo de manera adecuada.

  • Mantener la cama.

¡Esto es cosa nuestra! Como adultos, es importante que no perdamos el control sobre nuestras emociones delante de nuestros hijos. Ellos aprenden de nosotros y tenemos que actuar como modelos para que adquieran dichas habilidades.

  • Ayudar al niño a identificar la ira.

Esto es fundamental. Si el niño no aprende a identificar la ira difícilmente va a poder manejarla. Para que pueda lograrlo podemos enseñarle cuáles son las señales de nuestro cuerpo que nos alertan de que estamos teniendo ira: el corazón parece ir más rápido, los músculos se tensan, la respiración se vuelve rápida y superficial, empezamos a sentirnos intranquilos, etc.

  • Aprender a respirar de manera lenta y profunda.

Esto puede parecer algo insignificante. Y, a priori, resulta difícil pensar que pueda servir para que los niños se templen pero, ¡funciona! Para ello, hay que enseñar al niño a respirar de manera lenta y profunda en tan solo 3 pasos:

Inspirar hasta llevar el aire hasta el fondo de los pulmones (para que lograr esto deben hinchar su barriguita como si fuera un globo). Mantener el aire unos 4 segundos en la barriga. Y, expulsar el aire poco a poco por la boca con los labios entreabiertos imaginando que la ira sale de nuestro cuerpo al espirar. 

  • Aprender a pensar.

Todo tiene consecuencias por lo que hay que pensar antes de actuar.

Ejercicio para tratar a niños que tienen ataques de ira

Se puede admitir cualquier emoción pero no cualquier conducta. No podemos invalidar las emociones del niño, el cómo se siente el niño es algo que no debemos oprimir ni juzgar. Pero, por supuesto, el niño debe comprender que si hay que poner freno a las conductas disruptivas.

Para que al niño le quede claro esto podemos hacérselo ver mediante un ejercicio más práctico:

Cogemos una hoja de papel blanco que esté en perfectas condiciones. Y, delante del niño, arrugamos la hoja de papel hasta hacerla una pelota. Luego, intentamos de nuevo que la hoja de papel, después de haberla arrugado, vuelva a su forma original.  Por último, hacemos una reflexión con el niño:

¿Ves lo que ha sucedido? Cuando actuamos de manera inadecuada siempre tiene consecuencias. Y, por mucho que nos arrepintamos o pidamos perdón después de hacerlo, es difícil que todo vuelva a ser exactamente igual que era antes de haber metido la pata. Por eso, antes de coger una hoja de papel y arrugarla, tenemos que pensar en que si lo hacemos no va a volver a ser la misma cuando todo se haya calmado porque la hoja ya tendrá muchas marcas que antes de arrugarla no tenía.

Debemos ayudar al niño a que no manifieste conductas agresivas (gritar, pegar, lanzar objetos, romper cosas, morder, etc.) cuando sienta ira y que las sustituya por otro tipo de respuestas más conciliadoras o constructivas. Es decir, el niño tiene derecho a mostrar su enfado pero, por supuesto, desde la asertividad, la calma y el respeto.