Mis hijos solo me hacen caso si les grito o les amenazo - ¿qué hago?

La Disciplina Positiva nos enseña a poner límites y normas a los niños con respeto

Elisa Molina
Elisa Molina Maestra y asesora familiar

Seguro que lo has oído alguna vez: 'mis hijos solo me hacen caso si les grito o les amenazo con un castigo'. ¿Tú también tienes la sensación de que te pasas el día gritando a los niños? O amenazándoles con quitarle los juguetes que más les gustan. Lograr que cumplan las normas y los límites no es fácil ¡y menos a la primera! En la Disciplina Positiva encontramos la respuesta para educar sin gritos y desde la calma a nuestros hijos.

Qué hago si mis hijos no me hacen caso si no les grito

Por qué mis hijos solo me hacen caso si les grito y amenazo

Lo primero de todo es darnos cuenta en qué momento, situaciones o contextos notamos que el grito sube por nuestra garganta. Piénsalo de esta forma, les decimos a los niños que se controlen, que hagan caso, que respeten las normas y, sin embargo, nosotros no retenemos las ganas de gritar, ¿no te parece un mensaje contradictorio? ¡Es como enseñarles a no pegar dándoles un golpe!

Por ello, el primer consejo es averiguar cuándo comenzamos a sentir esas ganas de gritar, ese impulso de 'ya no puedo más' 'hasta aquí hemos llegado'. Cuando notes que te molesta, que va a salir ¡reacciona! Párate a pensar, primero autoconocimiento y luego autocontrol.

Somos modelos de los hijos, tenemos un gran impacto en ellos, pesa más lo que nos ven hacer que lo que les decimos y, para darte más argumentos, los niños que disfrutan de una infancia tranquila serán adultos mucho más felices.

¿Qué conductas de tus hijos te hacen gritar?

Cuando los padres gritamos a los niños

¿Que tus hijos se peleen entre ellos, tal vez? ¿Que no recojan su cuarto, quizás? ¿Que no se ocupen de hacer sus tareas, a lo mejor? En este tipo de situaciones, cuando notes que vas a empezar con los gritos, las amenazas o ambas cosas, aléjate de la situación, mírala desde fuera, toma aire por la nariz y suéltalo, despacio, por la boca.

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Les puedes decir: 'mamá se está poniendo un poco nerviosa, voy a beber agua y ahora si queréis lo hablamos' y cuando regreses, ya más calmada, ponte a hablar con los niños de lo que significa ese 'lo', sin son celos entre hermanos, si se trata de llamadas de atención, si necesitan ayuda para recoger su habitación o si tan solo se sienten cansados.

Educar sin gritos a los niños - ¿Qué te conecta con tus hijos?

Cómo no gritar a los niños

En caso de que tengas que estar ahí, que no puedas tomar distancia, lo que puedes hacer es pensar en algo que te conecte con tus hijos, por ejemplo, el hecho de que tus niños te siguen necesitando, da igual que ya hayan cumplido 15 años ¡siempre has sido, eres y serás su mayor apoyo! Y también ese espejo en el que mirarse a diario.

A mí me conecta mucho pensar y revivir las imágenes de mis hijos cuando eran recién nacidos. Cuando eran bebés les daba tiempo, cariño, daba igual el momento o la hora del día que fuera. Ahora han crecido, pero no por ello vamos a dejar de brindarles ese apoyo, cariño y afecto incondicional.

Cuando tus hijos parecen desafiarte, en verdad lo que están haciendo es pedirte ayuda de la forma en la que saben hacerlo: con voces elevadas, con llamadas de atención, pero en el fondo es lo mismo que cuando eran unos bebés y lloraban para que los cogieras entre tus brazos.

Cómo educar a los niños según la Disciplina Positiva

Disciplina positiva para educar a los niños

En lugar de dejarnos llevar por esa culpa que nos roba el sueño por las noches pensemos que los niños se equivocan, ¡y nosotros también! Quizás no recoger sus cosas o pelear con el hermano ni sea la mejor forma de hacer las cosas, pero son niños y de momento no tienen muchos más recursos de los que valerse.

Deja de lado la culpa ('no quiero gritar, pero grito, vaya mala madre soy') y dite a ti misma que lo estás haciendo bien, que habrá cosas que tengas que mejorar, pero que tu esfuerzo, tu dedicación y tu interés por ser tu mejor versión para ellos cuenta y mucho ¡bastante más de lo que te piensas!

Hoy será un buen día para no gritar, no amenazar, no intimidar con la mirada o las palabras poco amables, para no repetir las cosas cientos de veces, para parar a reflexionar, a tomar aire y distancia y también para meditar acerca de cómo queremos que los niños, nuestros hijos, nos recuerden el día de mañana. ¿A que da mucha tranquilidad saber que tienes una nueva oportunidad para hacer las cosas bien? ¡Seguro que hasta notas cómo ese grito se borra de tu garganta!

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