Alternativas para no educar a los niños con amenazas

Educar con gritos, castigos y amenazas a los niños es un error.

Educar es una tarea muy cansada y, en ocasiones complicada, pero cuando los padres llevan a cabo esta tarea encuentran una gran recompensa. Los progenitores no siempre educan a sus hijos como les gustaría. A veces por la falta de tiempo, otras por el cansancio acumulado debido al trabajo, por la situación en la que se encuentran o por el carácter del propio hijo. Lo que hay que tener claro es que educar a los hijos con amenazas no es un recurso educativo adecuado para ninguna de las partes.

Las amenazas son la manifestación de la violencia, no física, pero sí psicológica. Estas suelen ir acompañadas de gritos que pueden parecer inofensivos pero pueden afectar a los niños en su comportamiento y a nivel psicológico.

Por qué utilizamos las amenazas con los niños

consejos para evitar educar a los niños con amenazas

Muchas veces los padres recurren a las amenazas porque encuentran supuestas ventajas como: ser un recurso rápido y sencillo de utilizar, no requiere un desgaste intelectual para su uso, se puede conseguir el objetivo a corto plazo, o puede infundir carácter de autoridad al que lo utiliza. Otras veces, los padres utilizan las amenazas para controlar el comportamiento de los niños debido a que les faltan recursos como:

- Saber marcar límites y unas consecuencias congruentes y adecuadas.

- Los padres están “desconectados” del niño y lastiman su auto-concepto.

Esa falta de recursos hace que muchos padres educan a los niños con amenazas cuando sienten que pierden el control. De esta manera intentan regular el comportamiento del niño basándose en el miedo.

Consecuencias de educar a los niños con amenazas

- El empleo continuo de amenazas puede conllevar al deterioro de la autoestima del niño. No se sentirá valorado por sus padres e, incluso, puede revelarse y desafiar la autoridad de sus padres constantemente.

- La continua amenaza puede causar estrés en el niño y no será beneficioso para su desarrollo.

- Con las amenazas no se enseña al niño a asumir las responsabilidad de sus actos, se le enseña a actuar para evitar un castigo.

- Las amenazas que se utilizan suelen tan fuertes que los padres no las cumplen, por lo que la palabra de los padres pierde autoridad y credibilidad.

- El niño aprenderá del ejemplo continuo de las amenazas de sus padres y se acostumbrará a este tipo de conducta. Luego empleará las amenazas como forma de relacionarse con sus amigos, conocidos e incluso contra sus padres.

Qué podemos hacer para no utilizar amenazas en la educación

Las amenazas a las que recurren los adultos como recurso educativo vienen, como ya sabemos, acompañadas de consecuencias negativas. Por tanto, los adultos deben de encontrar las verdaderas alternativas que ayuden a los niños a aprender y a crecer de forma sana. Como por ejemplo:

- Generar respeto. Es probable que el niño obedezca frente a la amenaza. Sin embargo, cuando el niño crece y desaparece el miedo, se pierde el respeto. Por ello, es necesario que el niño sepa que los padres son la autoridad pero desde el respeto mutuo.

- Utilizar explicaciones válidas. La utilización del argumento: “porque lo digo yo...” no funciona. Se debe dar una explicación clara y precisa para que el niño comprenda y pueda reparar lo que está haciendo mal.

- Ponerse en el lugar del niño. Los niños no son adultos. Hay que intentar ver las cosas desde su punto de vista.

- Hablar en positivo. Cambiar el contexto de las palabras. . Los niños crean imágenes de nuestras palabras. Así, será mejor que le digas: “ve más despacio” a decirle: “No corras”.

- Ser modelo de valores.

- Que el niño pueda elegir. El pequeño debe sentir que tiene voz. Dar alternativas para elegir le hace sentir que puede decidir.