Los niños con traumas infantiles serán adultos más empáticos

Un estudio concluye que experiencias como abusos sexuales o muertes cercanas desarrollan la empatía futura

María Machado

La empatía es un valor que todos los padres queremos fomentar en nuestros hijos. Queremos que sean capaces de escuchar a la gente que tengan a su alrededor, que ayuden a las personas que lo necesiten y que sean capaces de alegrarse cuando le ocurra algo bueno a un amigo. Pero, ¿de qué depende que un niño sea empático?

Sin duda, los padres somos responsables de la educación en valores de nuestros hijos. Sin embargo, también influyen otros factores circunstanciales y del entorno que afectan a los más pequeños. En este sentido, un estudio ha concluido que los niños que han pasado por traumas infantiles, son adultos más empáticos en el futuro.

Por qué los niños con traumas infantiles van a ser adultos más empáticos

Te contamos por qué los niños con traumas infantiles son adultos más empáticos

Este estudio (Elevated empathy in adults following childhood trauma: 2018) publicado en la revista científica PLoS ONE asegura que los traumas de la infancia repercuten en la manera de ser futura de los niños. Si bien esta malas experiencias aumentan el riesgo de depresión infantil, esta investigación detalla que la adversidad también puede llevar a una mayor compasión y a un comportamiento más solidario.

A pesar de que los investigadores señalan que no hay datos empíricos, explican que el hecho que el niño haya sufrido hace que se convierta en un adulto más sensible al dolor de los otros. La variedad de los traumas infantiles, de mayor y menor intensidad, que pueden afectar a los niños es muy amplia. Desde un terrible abuso sexual, hasta bullying, la muerte de un familiar o amigo cercano, una enfermedad... Incluso, algunos expertos que un divorcio puede llegar a ser una experiencia que afecte al niño de una manera traumática.

Al comparar estudios anteriores y otro tipo de datos recogidos para este proyecto, se llegó a la conclusión de que los adultos que sufrieron algunas de estas experiencias traumáticas durante la infancia demostraron tener un nivel de empatía superior que aquellos que no las sufrieron.

¿Cómo fomentar la empatía en los niños?

La empatía es un valor muy positivo que debemos enseñar a los niños. Se trata de hacerles ver que hay que tener compasión por la gente que nos rodea, sobre todo cuando se encuentran en una situación de necesidad. Aunque la empatía también depende mucho de la forma de ser de las personas, ya que hay quienes por mucho que se empeñen en ser empáticos nunca lo van a llegar a ser, hay algunos métodos o estrategias que nos pueden ayudar a estimular este valor entre nuestros hijos.

1. Dando ejemplo a los niños
El ejemplo es la mejor herramienta para enseñar a los niños lo que está bien y lo que está mal. Si nos ven a nosotros, sus padres, que tenemos actitudes empáticas con las personas que nos rodean, poco a poco irán adquiriéndolas. No va a ser de un día para otro, ni mucho menos. Sin embargo, poco a poco, en el colegio, con los amigos en el parque, en las clases extraescolares, tendrán ciertos gestos que demuestran que han interiorizado esta conducta.

2. Leyendo cuentos que hablen sobre empatía
Proponle cuentos a tu hijo que hablen sobre la empatía. Estas historias le harán reflexionar y les servirán de ejemplo cuando se produzcan situaciones similares en su día a día. En este sentido, también pueden funcionar algunas películas infantiles que reflejen situaciones en las que un personaje sea empático o poemas.

3. Proponiendo juegos que aumenten a empatía
Los juegos también pueden ser clave para que los niños aprendan de una manera divertida los distintos valores. Proponles a tus hijos el juego de la mímica, en el que tienen que copiar los gestos de los otros; el juego de la gallinita ciega, en el que tiene que identificar a quién tiene delante a través del tacto; o el juego de aguantar la mirada durante mucho tiempo.

4. Organizando teatros e intercambiando papeles
Los teatrillos pueden ser una buena manera en la que el niño aprenda a ponerse en la piel de un personaje. Sugiérele un tipo de personaje y pregúntale cómo cree él que reaccionaría en distintas situaciones. Podéis intercambiar los papeles para que tu hijo aprenda a apreciar las distintas perspectivas.