Sé la madre que te hubiera gustado tener de niña. Educando en positivo

Tienes frente a ti una excelente oportunidad de ser la guía y el ejemplo de esa personita que has traído a este mundo

Maya López
Maya López Licenciada en Filosofía y Letras

Dicen que cuando nos convertimos en padres, solemos hacer las mismas cosas que aprendimos de pequeños; repetimos comportamientos, para bien y para mal, que nosotros mismos vivimos en nuestra infancia. ¿Se trata de algo malo ? ¡Para nada! Nosotros lo vemos como una oportunidad para mejorar como personas, para corregir ciertas conductas y, sobre todo, para ser la madre que te hubiera gustado tener de niña. Y todo esto con un único objetivo: dar a tus hijos todo aquello que tus padres, quizás por desconocimiento, no te dieron.

De nuestros padres podemos aprender a ser mejores padres

cómo eres tú como madre

Eras niña y ahora eres madre. Te ves a ti misma diciendo las frases que te decía a ti tu madre: ‘abrígate que hace frío’, ‘yo a tu edad…’, ‘así no vas a llegar a nada’. Cuando las pronuncias en voz alta y, por ejemplo, cuando no dejas que tus hijos vean la tele de cerca porque a ti te decían que era malo para la vista te planteas si no estarás educando a tus hijos igual que te educaron a ti.

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¿Tu madre te ponía muchas normas? ¿te decía a todo que no? ¿te daba de merendar todos los días galletas sin pensar que no era bueno por tener tanto azúcar? ¿No tenía en cuenta cómo te sentías? En tu casa, cuando eras niña, ¿la gestión de las emociones era algo desconocido? ¿Las prisas siempre estaban ahí?

No pongo en duda que nuestros padres no quisieran darnos lo mejor, todo lo contrario; sin embargo, por falta de tiempo o desconocimiento, más de una cosa hemos echado en falta. Tal vez tengamos ahí una buena oportunidad para ser mejores madres y padres y de ser para nuestros hijos los padres que nos hubiera encantado tener de pequeños. ¿Estás de acuerdo conmigo?

Quédate con lo bueno, deshazte de lo malo. Ahora es tu momento de ser la madre que querías tener

eres una madre modelo

Seguro que adoras a tu madre, la quieres por encima de todo, yo a la mía también, ¡tenemos tanto que agradecerlas! Todo lo bueno que han hecho y siguen haciendo: cuidar de sus hijos, quererlos, darles amor y cariño, tener un plato encima de la mesa al volver del cole, echar una reprimenda cuando hacían las cosas mal...

Ahora que tenemos hijos, llegamos a entender, comprender y sacar todo el significado de estos gestos y acciones. Lo han hecho lo mejor que han podido y se lo tenemos que agradecer, pero vamos un poco más allá. ¿Qué tal si nos quedamos con todo lo bueno que seguro que es mucho y nos despojamos o cambiamos lo que no es tan bueno por el bien de nuestros hijos? Seguro que de estas listas, muchas cosas te son familiares.

- No les daremos pan con chocolate, galletas, bollos o dulces por muy caseros que sean todos los días porque sabemos (ahora hay mucha más información que antes) que este tipo de alimentos tiene mucho azúcar. La fruta, los frutos secos, los lácteos o una combinación de ellos también pueden ser una pero que muy rica y saludable merienda.

- Dejaremos que nuestros hijos comentan sus propios errores y que aprendan de ellos, mientras que nosotras nos quedamos a un lado para apoyarles, pero no para decir ‘te lo dije’ cuando se caiga del tobogán o saque mala nota por no haber estudiado lo suficiente.

- Pondremos normas y límites, porque por supuesto son necesarios para su desarrollo. Eso sí, todas esas reglas tendrán sentido, estarán argumentadas y dialogadas, aquí lo de ‘porque yo lo digo y punto’ no vale de nada. 

- Daremos abrazos, besos, achuchones y caricias a libre demanda. Se las daremos a nuestro bebé y le cogeremos en brazos a cada rato sin miedo a que se malacostumbre; y se colmaremos a besos cuando tenga 15 año, sin temor a que sea débil o ‘muy niño de mamá’ si él nos deja claro.

- Diremos ‘perdón’, ‘lo siento’o/y ‘me he equivocado’ cuando así lo sintamos. Nada de querer tener siempre la razón. En esta casa, de los errores aprenden los niños y también los mayores.

- Preguntaremos a nuestros hijos cómo se sienten, qué tal han pasado el día, a qué han jugado en el cole, qué es lo que no les ha gustado y, para lo último, dejaremos la pregunta de cuántos deberes tienen. 

- Trataremos, siempre que las mil y una cosas que tenemos que hacer cada día nos lo permitan, de pasar tiempo de calidad con nuestros niños. Todo el que podamos, de lunes a viernes y más aún el fin de semana. Serán los mejores recuerdos el día de mañana y los momentos de felicidad más mágicos que vamos a experimentar.

Y, además de todo lo dicho, le diremos a nuestros hijos que su abuela es una persona maravillosa con la que puede contar y que, gracias a ella y a sus cosas buenas y no tan buenas, hoy todos nosotros somos lo que somos.

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