Somos padres y no jueces ni abogados en las discusiones de nuestros hijos

Las peleas son una excelente oportunidad de mejora como padres

Andrés París

¿Qué hacer cuando tus hijos discuten? ¿A favor o en contra de quien posicionarse? Ante todo tenemos que recordar que somos padres y no jueces ni abogados en las discusiones de nuestros hijos, por eso quizás lo mejor es dejarnos llevar por nuestras emociones. Así lo hago y, por ahora, tengo que decir que la cosa va bien y que, incluso, el número de discusiones diarias ha bajado. A continuación te cuento mi truco y te invito a que lo pongas en práctica. 

El papel de los padres en las discusiones de los niños 

el papel de los padres en las discusiones de los hijos

Seguro que a ti también te pasa, como padre o madre tienes la sensación de estar continuamente impartiendo justicia con tus hijos. Esta es una de las 'funciones' que nos toca asumir a los padres y madres. Se suele producir, generalmente, cuando tenemos dos o más hijos, y estos discuten o pelean a menudo. La sensación que queda siempre es de duda: si has sido justo, si siempre le cae la bronca al mismo, si habré sido desmedido en la consecuencia o me he quedado corto, si he usado un tono adecuado o me he pasado.  (Cuando digo discutan o peleen lo hablo de forma moderada o proporcional, desgraciadamente algo normal entre hermanos).

Partiendo de la base que, como pedagogo, entiendo la familia como un sistema (conjunto de elementos relacionados entre sí), veo normal y necesario que los hermanos, a medida que se hacen mayores, provoquen esa tensión para encontrar su hueco en el propio sistema familiar. 

A veces esa búsqueda de espacio, nos hace a los padres ser jueces de sus discusiones, y debemos recordar que no lo somos, somos padres y a veces lo injusto puede ser lo más equitativo. Entre las quejas que suelo recibir de los padres con los que trabajo la más habitual es 'no soporto que se peleen o se peguen'. En definitiva, todos los que hemos tenido hermanos en algún momento lo hemos hecho, de forma fortuita o provocada. Todavía recuerdo a mi madre decirme, en torno a la relación con mi hermana mayor, 'no pueden estar juntos, ni separados' es decir, nos buscábamos para discutir.

Las discusiones entre hijos, una oportunidad de crecer como padres 

discusiones entre hermanos.

Te describo una situación a ver si te suena. Estás tranquilo en el salón de tu casa, y uno de tus hijos llega sollozando y te dice que su hermano mayor le ha dado cuatro patatas. Automáticamente, al tener solo esa información, nuestro cerebro nos da la orden de regañar o ir a hablar con el otro hermano. Pero cuando vas, está llorando diciendo que le ha tirado su camiseta y le ha insultado, es decir, añade nueva información que hace que en poco tiempo tengas que tomar una decisión justa.

Los niños esperan que seas justo con la situación, ya que la injusticia es de las peores cosas que puede soportar una persona. Por tanto, te ves con estos hechos, sin tiempo de deliberar, y sin fiscal ni abogado que te pueda ayudar, tú solo teniendo que impartir justicia. Calibras el daño de cada uno, y tu cerebro tiende a la solución salomónica, que es el hecho de castigar a los dos. Es equitativa, es cierto, pero ¿estás siendo justo? Son situaciones difíciles de gestionar como padres, pero quizá se nos abre una oportunidad de mejora.   

Te propongo una nueva opción que he empezado a practicar y, de momento, funciona bien. Se basa en no tener que impartir justicia basándome en la razón de los hechos, sino basándome en mis emociones y en el daño emocional que se ha podido producir.

Antes de nada, expliqué a mis hijos que, cuando vengan a contarme el problema de porqué se pegaron o discutieron, no voy a ser justo, en el sentido de justicia que ellos conocen, sino que como padre me voy a posicionar con aquel que emocionalmente me haya causado en ese momento más tristeza o dolor, es decir, al que emocionalmente me llevaría a defenderlo. Esto no significa que siempre te pongas a favor del más pequeño, porque emocionalmente le pueda afectar más, sino que depende del grado emocional que tengas tú y así actúas. La primera vez que lo hice fue genial, y hasta ahora con sus subidas y bajadas me ha ido medianamente bien. 

La primera vez recuerdo como Marcos, de 12 años, vino a decirme que Adriana, de 8, le había pegado y le había empujado. Venía para que la regañase, pero cuando fui a regañar a Adriana, ésta me dijo con lágrimas en los ojos que lo había hecho porque Marcos la había dicho que no la quería como hermana.

Eso me valió para posicionarme al lado de Adriana y así se lo hice saber a Marcos. Cualquiera puede aguantar que te tiren la camiseta y te insulten, pero es más triste que tu hermano mayor te diga que no te quiere como hermana. Emocionalmente me había causado más dolor y tristeza la situación de la mi hija y empaticé más con ella. Marcos se molestó porque quería justicia, Adriana se sintió bien y yo mejor, porque tiré del instinto de emoción. 

Desde aquel momento, cuando pasa algo, evalúo mi impacto emocional y me posiciono del lado que más empatizo emocionalmente hablando. Ellos lo saben y creo que cada vez discuten menos o me lo cuentan menos, ya que nunca sabrán cómo estoy emocionalmente ese día para actuar.

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