Para de discutir con tu hijo y utiliza estas estrategias de padres astutos

El error de discutir con los hijos por todo y a todas horas

¿Tus hijos negocian constantemente contigo? ¿Te da la sensación de estar dando argumentos a diestro y siniestro porque tienen que discutirlo todo a todas horas?

Es muy normal que nuestros hijos intenten rebatir, discutir y argumentar cada cosa que dices, sobre todo a medida que crecen, cuando van adquiriendo habilidades y nos echan un pulso diario. Sin embargo, te proponemos que pares de discutir con tu hijo, no funciona, y mejor recurras a estas estrategias para padres astutos.

Para de discutir con tu hijo, no funciona, y emplea estas estrategias

Discutir con tu hijo no funciona

La crianza de los hijos es como el día de la marmota, cada día hay una nueva discusión que afrontar y un nuevo pulso que superar. Este es sólo un ejemplo de una discusión habitual en nuestras casas: 

- ¿Puedo ir a casa de Pedrito?

- Cómo vas a ir a casa de Pedrito si tienes deberes, ya sabes que en días de colegio no hay planes que valgan.

- Voy un ratito y los hago después. Venga, porfi, porfi....

- ¿Te acuerdas de la última vez? Luego estabas cansado y terminé yo haciéndote los deberes. Que noooooo.

- Esta vez no, te lo juro, voy a hacerlos súper bien.

- ¿Y si no los haces? ¿Qué hacemos? Eso dices ahora pero luego estarás cansado y no puedes permitirte el lujo de no apretar en los estudios. Tienes que ser responsable. Primero la obligación y después la devoción. 

- ¿Y si hago un ejercicio, voy a casa de Pedrito y luego termino el resto?

- No me fío nada.

- Que sí mamá, ya verás.

El diálogo podría seguir eternamente, porque en ningún momento la madre se muestra firme y tajante: "No vas a casa de Pedrito y no hay discusión posible." No das más argumentos, ni explicaciones. No, es no. A veces, argumentar supone entrar en una espiral interminable que lo único que conseguirá es desquiciarte. En definitiva, discutir con tu hijo no funciona, ¿no es mejor emplear a la astucia y la inteligencia? Llevamos unos cuantos kilómetros más que nuestros hijos encima, demostrémoslo. 

Partimos de la base que sabemos que es positivo para el niño que intente cuestionar la autoridad, que no se conforme, intente empujar los límites e incluso gana habilidades de negociación, pero eso no significa que nosotros tengamos que tolerarlo. Seguro que te has dado cuenta que discutir con los hijos no funciona, por lo tanto, es hora de aplicar estas estrategias para padres astutos: 

1- Elige bien tus batallas: quizás merece la pena discutir algo que afecte a la seguridad del niño, a su bienestar o a sus resultados académicos pero, ¿merece la pena discutir hasta por el más mínimo detalle? Prueba a analizar un día de vuestras vidas y piensa en todas las veces que discutiste. Ahora de todas ellas elige solo una o dos por las que sí merece la pena insistir. Y las demás, déjalas pasar... Prueba a no discutir por no hacer la cama y deja que se acueste en una cama arrugada y desecha. Prueba a no discutir porque el suelo está lleno de juguetes y que sea él mismo quien lidie con una habitación impracticable. 

2- Crea unas consecuencias que le sorprendan. En lugar de ir soltando una retahíla de reproches y regañinas por toda la casa mientras recoges la mochila tirada en medio del salón. Cambia de estrategia. Toma la mochila y guárdala en un armario. Cuando venga a por ella para hacer los deberes y no lo encuentre, con mucha tranquilidad y desinterés dile: "¿no está en su sitio?". Deja que busque durante unos minutos y que incluso se agobie un poco. Ahora que tienes la atención de tu hijo, saca la mochila y dile que la mochila no estaba en su sitio y que próxima vez habrá peores consecuencias (no especifiques cuales en ese momento).

3- Haz pequeños tratos: no mostramos debilidad o falta de firmeza si de vez en cuando negociamos. No hemos de aplacar al niño hasta hacer de él una persona sumisa. Dejemos un pequeño espacio para hacer un trato con él.

4-  Evita las luchas de poder: el esfuerzo por controlar a un niño que trata de imponer su poder frente a los padres suelen conducir a un camino sin salida en el que no hay victoria para nadie. Los padres terminan gritando y castigando y los niños enrabietados. Ya sabes que dos no pelean si uno no quiere, así que sal de la ecuación. Haz un firme compromiso contigo mismo de no involucrarte en discusiones fútiles, en eternos argumentos y larguísimas explicaciones. Expón tus expectativas con claridad, firmeza y después, aléjate. 

5- No pierdas el control: perder la paciencia, gritar y terminar diciendo frases hirientes que realmente no pensamos no consigue nada más que sacar nuestra frustración fuera para después frustrarnos más por no haberlo hecho bien. Guarda la ira, para, piensa, no reacciones con impulsividad. Explica al niño de forma breve y sencilla qué ocurrirá si no coopera y aléjate. No hay más que hablar.