Claves de una mamá para pasar felices vacaciones con niños y en familia

Hay que relajarse y tomarse las cosas con calma

Azucena Zarzuela
Azucena Zarzuela Periodista y escritora de cuentos

¡Llegó el verano! Y con él, las vacaciones. Durante el invierno muchos somos los que vivimos en ‘modo autómata’. Y es que la rutina del día a día apenas nos deja tiempo para escucharnos a nosotros mismos. ¿Cuántas veces no habremos dicho en los meses pasados aquello de 'esto ya lo haré en las vacaciones porque no tengo tiempo'? Pues bien, ahora es el momento. Toca disfrutar de nosotros mismos y de dejar que fluya la mejor versión de nuestro yo y, sobre todo, pasar unas felices vacaciones con niños y familia al completo. 

6 trucos de madre para pasar felices vacaciones con los niños 

pasar felices vacaciones con los niños

Y aquí surge la gran pregunta: ¿se pueden pasar unas vacaciones felices y en calma con niños? La respuesta es un rotundo sí. Evidentemente tenemos que seguir cuidándoles y atendiéndoles, pero si aplicamos algunos trucos toda la familia acabará encontrando su espacio propio de serenidad.

Preparar mochilas para la playa, untar a los pequeños de crema, convertirnos en vigilantes de la playa, conseguir que los niños salgan del agua, intentar que mantengan una dieta equilibrada, sobrellevar los caprichos estivales, luchar contra las rabietas provocadas por el calor… Sí, todo esto también forma parte de las vacaciones. Y es que, no se trata de proyectar una imagen idílica, sino de ser realista y saber disfrutar al máximo de lo que tenemos. Y ahí estamos nosotros, para superar cualquier adversidad y convertir este verano en el mejor de nuestras vidas.

Mi mantra para conseguirlo es repetirme muchas veces aquello de 'estoy de vacaciones y no tengo prisa'. Y es que, lo primero que debemos hacer es olvidarnos del reloj. Ya no hay que correr para llegar al colegio, ni tenemos que excusarnos por llegar tarde cinco minutos en el trabajo por haber perdido el autobús, ni intentar negociar una merienda rápida con nuestro hijo para llegar a la extraescolar, ni cuadrar horarios y logística con toda la familia para que alguien pueda quedarse con nuestro peque cuando se pone malito…

¡Respirad hondo! El sol sigue sobre el horizonte. Hay tiempo. Ahora nuestra prioridad es no hacer nada. Hay que relajarse y tomarse las cosas con calma. Al principio cuesta, porque vivimos acelerados, pero el cuerpo es sabio y enseguida se acostumbra a lo bueno.

A continuación os dejo algunas claves que, verano tras verano, pongo en práctica con mi familia y todos volvemos a casa alegres y con fuerzas para afrontar un nuevo invierno. ¿Cuáles son vuestras favoritas?

1. Romper con la rutina
Es importante que llevemos programadas algunas actividades consensuadas por toda la familia, porque siempre está bien tener en el horizonte la sensación de que aún nos quedan ‘planazos’ por hacer. Y si en invierno, el frío y la lluvia nos hace escondernos bajo techo, yo propongo que en verano la calle y los espacios naturales y abiertos sean los protagonistas.

2. Alternar ejercicio y relajación
Si utilizamos las mañanas para disfrutar de la playa y los atardeceres para montar en bicicleta, podemos dejar las horas centrales del día para descansar con juegos de mesa. Y si los pequeños ya no son tan dependientes, aquí podemos establecer una hora o dos al día para que cada uno disfrute de su hobby favorito.

3. Desterrar las tecnologías
Es el momento de levantar la cabeza del móvil. Este aviso es tanto para padres como para hijos. No ocurre nada tan importante en el mundo como nuestro propio descanso. Además debemos crear espacios para la conversación con nuestros hijos y darnos tiempo para descubrirnos y sorprendernos. Mi propuesta es cambiar el móvil por un buen helado en nuestras manos y hablar mirándonos a los ojos.

4. Proponernos un reto
Cada miembro de la familia deberá aprender o mejorar alguna habilidad. Esto es muy útil para dejar de escuchar en nuestros hijos la típica frase de 'me aburro'. Dependiendo de la edad de nuestro retoño podemos apostar por aprender a bucear, a montar en bici, a hacer punto de cruz… Si el reto se supera al finalizar el verano podemos ofrecer algún premio.

5. Cambio de roles
Yo lo llamo el ‘Carnaval Estival’, por aquello de ser durante un día quien no somos. A los niños les encanta tener el poder. Todo el año nos están escuchando nuestros consejos, nuestras normas y límites, pues ha llegado su día, porque si ellos están contentos y felices, nosotros lo estaremos aún más. Hoy mandan ellos, pero tranquilos, el mundo no va a dejar de girar porque por un día esté en sus manos. Aquí ellos lo deciden todo. Si prefieren ir o no a la playa o a la montaña, qué se come ese día (posiblemente acabemos desayunando bollos de chocolate, comiendo pizzas y cenando hamburguesas; pero no debemos preocuparnos, es un día y cuando volvamos a casa en la nevera nos estará esperando el brócoli y los guisantes), si se duerme o no la siesta, si paseamos… A los padres nos toca relajarnos, dejarnos llevar y disfrutar de su organización (o desorganización).

6. Sacar al niño que llevamos dentro
Para mí es la clave por excelencia. Si queremos disfrutar de nuestros hijos el mejor plan es sumarnos a su imaginario. Olvidarnos de lo que vendrá después y darlo todo en el momento. Si hay que hacer la croqueta en la arena, se hace. Si ya estamos secos para irnos a comer pero nos apetece darnos un último chapuzón, se hace. ¿Cuántas veces no nos hemos lamentado de no poder volver a ser niños? Pues con la ayuda de nuestros pequeños, sí se puede. Y lo mejor, es que nosotros, los padres, somos los que más ganamos haciéndolo.