¿El egoísmo de los niños es malo?

Conducta

Unos de los gritos de guerra más habituales entre los niños y que, en numerosas ocasiones, desgastan la paciencia de sus padres y destruyen la armonía entre hermanos es el ya conocido: "¡Mamá, Javier me ha quitado mis pinturas!" O bien, "¡María no me deja la muñeca!". En las quejas, palabritas como yo, mi, me, conmigo... siempre se repiten. ¿Es normal que mis hijos sean tan posesivos?, ¿por qué parece que consideran que lo suyo es suyo y lo de los demás también?

Seguro que has tenido ocasión de ver cómo tu hijo ha cargado con sus juguetes preferidos en vuestras salidas al parque y has comprobado que una vez allí, han quedado aparcados en la arena (ejerciendo el derecho de su abandono) el cubo, la pala, la pelota o la bicicleta, y tu pequeño se ha puesto a jugar por su propia voluntad, a pocos pasos de allí, con los juguetes del vecino, mientras vigila con el rabillo del ojo que absolutamente nadie profane el templo de sus posesiones y, si así ocurriera, no dudar en tirar de sus orejas o propinar una patada al que pueda atreverse, sacándote, en consecuencia, los colores en presencia de todos los allí presentes.

Niños que no saben compartir

¡Dios mío! En este momento te preguntarás dónde quedan las repetidas ocasiones en que le has animado a compartir, a ser generoso, a no estar apegado a las cosas materiales, a no ser egoísta, a pensar en los demás, a ayudar a los que no tienen. No sé si es por consolarme, pero a mí me gusta pensar que este egoísmo debe formar parte importante del desarrollo de su personalidad; al igual que es importante para él tener satisfechas sus necesidades, pertenecer a una familia, pensar que su mamá y papá le van a cuidar siempre, así también sus objetos son muy importantes, ya que los aprecian y se identifican con ellos; por eso son capaces de defenderlos con uñas y dientes, importándoles bien poco aquellos que se encuentran a su alrededor. Con el tiempo, y con nuestra dedicación, aprenderán a establecer fronteras, y esas fronteras se irán extendiendo a los demás, a medida que aprendan valores como la renuncia en favor de lo mejor y la aceptación de los que les rodean. Mientras tanto, nos toca ser pacientes: sonreír, corregir con alegría, y pensar que nuestro esfuerzo de educarles en la generosidad dará sus frutos en el futuro. Como dicen las abuelas, "no por mucho madrugar amanece más temprano". Patro Gabaldón.
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