La lección. Un poema infantil sobre la obediencia

Poesía para enseñar a los niños a no ser desobedientes

Marisa Alonso Santamaría

Los niños desconocen los peligros que les rodean, es labor nuestra enseñarles a ser prudentes y precavidos, sin embargo, en ocasiones, nuestros hijos nos desobedecen y esto, acaba teniendo consecuencias.

Esto es lo que le ocurre a Kiko, un gatito muy desobediente y el protagonista del poema infantil sobre la obediencia: La lección. Puedes leerlo con tus hijos y enseñarles a través de esta poesía la importancia de que sigan nuestras normas.

Poema infantil sobre la obediencia: La lección

Poema infantil sobre la obediencia

A través de las poesías infantiles podemos transmitir grandes lecciones y valores a los niños, como el valor de la obediencia.

Hay una familia

de cinco gatitos,

el padre, la madre,

Miko, Kika y Kiko.

 

Van por el tejado

todos en hilera,

Kiko con peligro

haciendo piruetas por fuera.

 

Sus padres los gatos

le van a reprender,

¡No saltes por el alero

te caerás otra vez!

 

«Seguid nuestros pasos

y no os despistéis,

por aquí hay muchos peligros

que apenas veréis».

 

Kiko de nuevo

dando mal ejemplo,

ve un agujero

y ha saltado dentro.

 

Miika y Kika gritan

los dos alborotados,

Kiko ya no está

no le ven en el tejado.

 

Los padres de los gatos

un poco alejados,

ven lo que ocurre

y se acercan alarmados.

 

Kiko aprisionado

solo asoma la nariz,

se estira cuánto puede

pero no puede salir.

 

Cuánto más se estira

cuánto más se mueve,

más abajo cae

y más miedo tiene.

 

Toda la familia

le llama maullando,

Kiko no responde

muy quieto llorando.

 

Sus padres asustados

y muy enfadados,

descubren al gatito

en el hueco aprisionado.

 

Todos formando una fila

hacen nudos con sus colas,

y a Kiko con decisión

le sacan hecho una bola.

 

Sus padres emocionados

le lamen por todo el cuerpo,

tiene un golpe en una pata,

jadean por el esfuerzo.

 

¡Eres un desobediente!

dicen sus padres pacientes,

¡te podías haber matado!

¡vaya susto nos has dado!

 

El gatito colorado

como un pimiento morrón,

con la cabeza agachada

a todos pide perdón.

 

Y vuelven a pasear

por el tejado jugando,

Kiko ha aprendido la lección

y detrás va cojeando.