Cuando el estrés te hace ser una madre enfadada

La ansiedad y el estrés de ser madre

El día a día de muchas madres se convierte en un combate: en un lado del ring la paciencia, en el otro, la ira. Lamentablemente, el traicionero estrés se suele aliar con la ira y la paciencia termina en un k.o. brutal.

Esto, que parece un galimatías, no es otra cosa que la lucha diaria que vivimos para ser las mejores madres. Queremos ser esa madre que no grita, que afronta los conflictos con calma, que es serena y además aplica la mejor solución en cada caso. Sin embargo, el estrés nos hace ser en muchas ocasiones esa madre enfadada que grita y además da demasiadas órdenes.

Cuando la responsabilidad y el estrés nos llevan a ser madres enfadadas

El estrés nos lleva a ser madres enfadadas

Ninguna queremos ser esa madre enfadada y mal humorada. Cada mañana nos levantamos y ponemos el contador a 0, respiramos y decidimos que hoy va a ser ese día en el que todo va a salir genial, vamos a controlar la situación y tendremos mucha paciencia. ¿Qué ocurre con esas autopromesas? Salen por la ventana a la primera de cambio, justo cuando uno de tus hijos ha tirado la tostada al suelo, el otro no ha recogido su habitación, todavía tienes 2 lavadoras que poner, te espera un intenso día de trabajo y además, para colmo, has discutido con tu pareja. 

Probablemente no todos los días sean un desastre absoluto, ni todos los días tengamos una cara de acelga que nos llega hasta los pies, también somos esas mamás divertidas que hacen tonterías para que los niños se rían, mamás que enseñan cosas apasionantes a sus hijos, que les transmiten amor y afecto y que saben escucharles y entenderles como nadie.

Pero, hay días, esos días... en los que la cólera nos domina, decimos frases a los niños que más nos valdría habernos mordido la lengua y terminamos castigando al niño que no abrió la boca, solo porque pasaba por ahí. Eso, al final nos lleva a convivir con la frustración, queremos ser madres geniales y terminamos siendo madres enfadadas.

Menos frustración que ya tenemos un culpable en la sala... ¡el estrés! Ese estado de agotamiento mental y físico que nos persigue a todas partes, que algunas veces nos autoimponemos y otras nos lo echan encima.

Cuando rendimos muy por encima de nuestras posibilidades, y esto lo hacemo un día tras otro, cómo vamos a tener paciencia para ser una madre genial. Es una carga demasiado pesada. Sin embargo, estoy convencida de dos cosas: 

- Somos las mejores madres cuando nos planteamos que no queremos ser esa madre enfadada todo el rato, analizamos nuestra actitud con los niños, lo intentamos constantemente y eso vale oro. 

- Es mejor ser una madre enfadada y preocupada por impartir disciplina, poner normas, intentar lograr que los niños aprendan y sean educados que una madre guay que sólo ríe y se divierte pero no es capaz de decir NO, imponer límites o negar nada a sus hijos. Será muy divertida, todo es fiesta con ella, nunca está enfadada y jamás regaña, pero es complicado que así esté impartiendo disciplina.