Mi hijo no hace nada en casa - Fomentar la responsabilidad infantil

Preguntas y respuestas sobre cómo enseñar a los niños a ser más responsables

Núria Capdevila García
Núria Capdevila García Redactora y maestra de inglés
Revisado por Rosa Del Rincón, Psicóloga, el

Educar a nuestros hijos no es tarea fácil y es que son muchas las dudas que nos asaltan a diario. En esta ocasión, dentro de nuestra sección de Preguntas y respuestas de los padres, nos detenemos a saber más sobre cómo fomentar la responsabilidad infantil: ¿qué puedo hacer si mi hijo no hace nada en casa?, ¿cargo a mi hijo mayor con demasiadas responsabilidades hacia su hermano?, ¿es demasiado exigente? Respondemos a todas las dudas.

Mi hijo no hace nada en casa ni asume sus responsabilidades

Cuando tu hijo no hace nada en casa

Cuando nos encontramos con un niño que no quiere hacer nada en casa, lo primero que debemos hacer es un ejercicio de introspección y ver cómo estamos nosotros enfocando este problema. Puede que el no colaborar en el hogar no sea por falta de voluntad del niño, sino por cómo le planteamos la tarea que queremos que lleve a cabo.

Para conseguir que un niño nos ayude en casa, debemos eliminar todo tono de obligación. No se trata de decirle al niño que haga esta o aquella tarea, como tampoco es cuestión de regañarle si no la hace. Para conseguir que nuestro hijo nos ayude, debemos mejorar la forma en la que nos comunicamos con él.

En vez de decirle 'Haz esto, por favor', lo más recomendable es decirle: '¿Por qué no ayudas a mamá con esto?' De este modo, el niño lo verá más bien como una ayuda y no como una obligación. Y, por ende, estará más predispuesto a ayudarnos.

Por otro lado, también podemos dejar que el niño escoja la tarea que más le guste de entre aquellas que nosotros hemos seleccionado de acuerdo con su edad. Las tareas de la casa deben ajustarse a la edad del niño; de otro modo, es posible que se sienta inseguro y, por ello, intentará evitar al máximo la tarea en cuestión. Dejar que se responsabilice de la tarea que él haya escogido, le ayudará a ver que puede hacer las cosas y nosotros podremos ir añadiendo tareas a su rutina poco a poco.

¿Le doy demasiadas responsabilidades a mi hijo mayor?

Fomentar la responsabilidad infantil

Cuando nos hacemos esta pregunta, lo primero que debemos tener en cuenta es la edad de los niños. Si estamos hablando de niños de 8 a 10 años que se llevan poco tiempo con su hermano pequeño, o bien si hablamos ya de un niño de 15 años que ya es un adolescente. En función de la edad, deberemos cambiar las responsabilidades que les podemos dar con respecto a su hermano.

En el primero de los casos, si el hermano tiene 8 o 10 años, podrá ayudarnos con pequeñas tareas como puede ser darle la merienda al pequeño o, incluso, ayudarle con los deberes. De todos modos, no podemos dejar a los niños solos, pues el mayor sigue necesitando de nuestro acompañamiento.

En el segundo de los casos, si el hermano ya es adolescente, podemos darle más responsabilidad. Por ejemplo, podríamos dejarle al cuidado del hermano pequeño cuando nosotros vayamos a hacer la compra. En este caso, el hermano mayor lo verá como una necesidad y no se lo tomará a mal. Por el contrario, si dejamos nuestro hijo adolescente al cuidado del pequeño para que nosotros nos podamos ir a cenar, sí podemos encontrar cierta negación por su parte. Realmente, le estamos pidiendo que se prive de salir con sus amigos porque queremos salir nosotros y esto únicamente generará rechazo y mal humor con el hermano pequeño.

Fomentar una responsabilidad sana sin demasiada exigencia

Hacer que los niños sean responsables

Para entender por qué nuestro hijo es demasiado exigente y responsable con él mismo, debemos hacer un ejercicio de introspección una vez más. Siempre que los niños traen buenas notas o hacen algo bien, les premiamos por ello, a la vez que les decimos que otra vez lo harán mucho mejor o que seguro podrían haberlo hecho un poco mejor. Este mensaje que les transmitimos, pese a que lo hacemos con toda la buena intención, hace que los niños se acaben centrados en el resultado de sus actividades en vez de focalizarse en lo bien que se lo pasan durante el proceso.

Cuando esto sucede, el niño puede actuar de dos formas distintas: o bien rechaza aquellas actividades que cree que le van a costar mucho por el miedo a no hacerlo bien o se frustra y deja la actividad sin acabar. Una vez más, para evitar esta situación, los padres debemos enseñarles que lo importante no es el resultado en sí mismo, sino en cómo se han sentido realizando esta actividad.

Seguir pequeñas estrategias y adaptar la comunicación a la edad de nuestros hijos es esencial a la hora de darles responsabilidades. Buscar las tareas adecuadas a su edad, hacerles partícipes de cada una de ellas y focalizarse en los procesos antes que en los resultados son estrategias perfectas para que se vayan haciendo responsables poco a poco.

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