Lo que el caos de la maternidad me ha enseñado

Ser madre te enseña a disfrutar mucho más de esos días maravillosos que tienes la oportunidad de pasar con tu hijo/a

Sandra Llorente

Cuando Guiainfantil.com me propuso hacer este artículo me quedé paralizada. ¡Cómo iba a hablar del aprendizaje de la maternidad si literalmente vivo en un caos! Seguidamente, empecé a reír sin control (cosas de las mamis) y me di cuenta de que en estos diez meses de vida de mi hija apenas he tenido la oportunidad de reflexionar sobre mí y sobre mi maternidad. Bueno, en realidad no he tenido tiempo de reflexionar sobre nada, porque sí, literalmente, la maternidad es un caos absoluto. Quizás una mamá experimentada la viva de otra manera, pero para una primeriza (que además no había cuidado un bebé en su vida) el día a día se convierte en un reto que en medio del caos se va superando.

Lo que una mujer aprende cuando se convierte en madre (aunque todo sea un caos)

el caos de la maternidad

Llevo varias semanas intentando encontrar en mi mente un espacio para dedicar a pensar qué he aprendido en este tiempo, pero la verdad aún no lo tengo muy claro. Obviamente, sigo viviendo en el caos de la maternidad. Sin embargo, he de decir que parar un poco y reflexionar ha sido un ejercicio muy bonito (y ciertamente liberador), que recomiendo a toda mamá que esté leyendo esto y se encuentre inmersa en el día a día de la maternidad. Por tanto, Guiainfantil.com, gracias por la terapia.

- Valorar las pequeñas cosas de la vida
Nunca antes de ser madre me había parado a apreciar cada cosa que hacía por mí. Ahora, realizar cosas tan básicas como peinarme, vestirme o hasta ir al baño es algo así como un triunfo diario. Así que, cuando tengo la oportunidad, disfruto de cada pasada del cepillo a mi pelo o de elegir ponerme algo más que unos jeans y una camiseta. ¡Incluso ir al súper sola es toda una experiencia liberadora!

- Amar sin condiciones
Esto es algo que te sale de forma natural. El amor tan profundo que siento por mi hija es indescriptible, pero nunca antes me había enfrentado a un amor así, en el que mi bebé depende por completo de mí. Creo que a veces puede llegar a ser abrumador e intenso y en otras ocasiones demasiado reconfortante. En fin, es un amor que hay que aprender a gestionar para no convertirte en una mamá obsesiva que no suelta a su bebé (reconozco que soy un poco de esas, estoy en ello, creedme) y para no agobiarse demasiado ante la responsabilidad o incluso para tener la certeza de que podrás hacer feliz a tus hijos.

- Relativizar las críticas
Una vez una amiga me contó que durante el primer año de vida de su hijo se la pasó enfadada con el mundo y su entorno porque muchas personas que estimaba no aceptaban sus decisiones como mamá. ¿Te suena de algo? A mí sí, y mucho. De hecho, aunque mi amiga me había advertido que no merecía la pena enojarse, lo he hecho cientos de veces. En realidad, ya estoy en el punto en el que estoy empezando a comprender que no puedo hacer que los demás entiendan que hay que ser un poco más cautelosos con las mamás o que la visión de la maternidad de unos no tiene por qué ser la de otros.

Así que mis esfuerzos actualmente están en conseguir que me dé un poco igual lo que los demás opinen y en no quedarme en esas palabras que hieren. Porque sí hieren, pero no está en mí, sino en ellos. Reconozco que esto aún no lo he aprendido del todo, pero al menos ya me di cuenta de que debo confiar en mí misma ante mi propia maternidad.

Lecciones de vida que aparecen en mitad del caos de la maternidad

lecciones de vida de una madre

¿No es poco lo que llevo aprendido, verdad? He de decir que estos aprendizajes aún no están del todo introyectados, aunque escribir sobre ellos ayuda a entender un poco mejor lo que estoy viviendo y aprendiendo cada día. ¡Sigamos!

- Aceptar lo que no puedo cambiar, al menos por el momento
No sé si a muchas de las mamás que estén leyendo esto les pasa, pero es frustrante cuando los demás te comparan a tu bebé con otro que es 'mucho mejor' en un aspecto determinado. Mucho más cuando encima te intentan hacer ver que es culpa tuya por cómo lo estás criando. Como respuesta, me gustaría decirle a todas esas personas: un bebé no es un robot. Cada bebé es un mundo y cada mamá también, y lo bonito es que ambos aprenden a adaptarse entre sí. Mi hija ya tiene más de diez meses y aún no he podido hacer que duerma por el día sola. De hecho, ahora mismo estoy escribiendo esto con el teléfono mientras tengo a mi hija en brazos. ¿La he acostumbrado o ella es así? Pues no lo sé, pero he de decir que lo he intentado y nada de nada. Y prefiero aceptarlo a resistirme tanto que finalmente no duerma (porque no, no duerme si no está en brazos).

Uno de los avances que hemos logrado es que duerma en brazos de papá (menos tiempo que en los míos, pero al menos ya duerme con alguien que no sea yo). Los días que salgo a trabajar apenas duerme media hora por la mañana, por lo que por las tardes suele echarse una buena siesta (en mis brazos, claro). Sinceramente, me gustaría que se quedara dormida en su cuna, pero he aprendido a aceptar que de momento no puedo hacer nada. Y la verdad es que mi hija duerme muchas horas al día y duerme bien por las noches, así que si eso es lo que le funciona de momento, tengo que aceptarlo. Vivo con la esperanza de que algún día cambie y de vez en cuando sigo intentándolo, pero sin desesperarme como al principio (por cierto, si conocéis algún truco, os ruego que me lo dejéis en los comentarios).

- Vivir en el día a día
No sé si esto ha sido un aprendizaje o es que no me ha quedado más remedio, pero lo cierto es que antes planificaba más e incluso vivía más en el futuro o en el pasado que en el presente. Generalmente, todos los discursos de autoayuda te invitan a vivir en el presente y he de decir que siendo madre lo logras, aunque sea porque no te da la vida para más. ¿Futuro? Cuando llegue sabré qué hacer. ¿Pasado? Lo he dejado atrás, muy atrás, no tengo tiempo ahora en este momento de mi vida para dedicarle ni un solo segundo de mi vida. Y la verdad es que aunque a veces quiero chillar del puro caos y estrés en el que vivo algunos días, vivir el presente te quita de muchas complicaciones y te hace disfrutar mucho más de esos días maravillosos que tengo la oportunidad de pasar con mi hija (que son la mayoría porque es que es un ángel caído del cielo).

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