El infundio. Cuento para reflexionar con los niños sobre las mentiras

Este cuento infantil de animales habla sobre cómo el boca a boca puede deformar la realidad

Marisa Alonso Santamaría

¿Tu hijo suele contar mentiras? No os podéis perder 'El infundio', un cuento para reflexionar con los niños sobre las mentiras y las consecuencias que estas pueden tener en los demás. Pero, además, con esta historia protagonizada por animales, puedes explicar a tu hijo cómo el boca a boca puede acabar deformando la realidad y cómo algunos de nuestros actos, aunque no tengan mala intención, pueden hacer daño a la gente que nos rodea.

Al final del cuento encontrarás algunas preguntas de comprensión y de reflexión sobre el relato.

Un cuento para niños sobre las mentiras

Cuento para reflexionar con los niños sobre las mentiras

La cebra no pudo soportar los malintencionados comentarios que oía a su alrededor y se fue llorando, muy triste, dejando la casa en la que había vivido muy feliz desde que nació.

—¡Esto es un delito y no puede quedar impune! —dijo el rey de la selva al enterarse de lo ocurrido.

¡Buscad a los culpables! —ordenó a los monos detectives.

Dicho y hecho; los monos subieron a los árboles trepando por las ramas y, cuando estaban en lo alto, empezaron a vigilar con mucha atención y con los oídos muy limpios.

Pasaron todo el día ahí; solo bajaban para relevarse unos a otros sin perder un detalle de lo que sucedía a su alrededor.

Observaron a los cocodrilos, serpientes, grullas, águilas, hipopótamos, elefantes, leopardos, y ninguno hacía o decía algo que lo pudiera delatar; ninguno de ellos se declaraba culpable.

Nosotras no hemos sido —dijeron las culebras y serpientes escondiéndose entre las piedras.

—Yo ni siquiera lo sabía —habló un gorila, buscando la aprobación de los chimpancés.

—Yo escuché algo pero solo se lo dije a un camaleón —dijo una grulla.

—Yo no lo vi, pero las liebres nos dijeron que era verdad —dijo un águila a la vez que asentía un azor.

Así unos a otros se echaban la culpa, aunque, a decir verdad, todos se sentían muy mal.

A los tres días, una iguana dijo a otra:

—Te digo que la cebra se quitó su traje de rayas y se hizo pasar por un caballo.

El mono detective que la escuchó bajó silenciosamente por las ramas y puso atención a lo que decían.

—Yo la vi —insistió la primera iguana,— se metió desnuda en el río, luego empezó a relinchar como si fuera un caballo.

Entonces el mono bajó al suelo y haciéndose el encontradizo dijo:

—¡Hola iguana! ¿A quién más has contado que viste a la cebra desnuda y relinchó como un caballo?

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La iguana contestó:

—Se lo conté al pato.

—¿Pero tú viste a la cebra relinchando desnuda? —preguntó el mono detective.

—Bueno... a mí me lo contaron, pero lo sé de muy buena tinta —contestó enseguida.

El mono fue en busca del pato y le dijo:

—¡Hola pato! ¿A quién has contado que viste a la cebra desnuda y relinchó como un caballo?

—Se lo conté al caimán —contestó sin dudar.

—¿Pero tú viste a la cebra relinchando desnuda? —preguntó.

—No, a mí me lo contaron —contestó el pato— pero lo sé con certeza.

El mono detective fue en busca del caimán y le dijo:

—¡Hola caimán! ¿A quién has contado que viste a la cebra desnuda y relinchó como un caballo?

—Se lo conté al sapo —contestó sin dudar.

—¿Pero tú viste a la cebra relinchando desnuda? —preguntó el mono de nuevo.

—No; a mí me lo contaron —contestó el caimán— pero seguro que es verdad.

Y así fueron contestando todos los animales a la pregunta del mono.

Al cuarto día, el mono detective se presentó ante el rey y le dijo:

—Mi rey, ya tengo al culpable.

—Te escucho —dijo el león echando su melena para atrás.

Los culpables somos todos —dijo el mono con desaliento, muy seguro de lo que decía.

El león lo miró extrañado y le hizo una seña con la cabeza para que siguiera hablando.

Unos y otros han ido propagando el infundio sin pensar en el daño que causaban, me consta que así ha sido; pero el daño ya está hecho.

El rey asintió con tristeza. Rugió con aflicción durante todo el día, con todas sus fuerzas, para que todos en la selva supieran lo que había sucedido y no se volviera a repetir. Así fue; el daño ya estaba hecho.

Preguntas de comprensión y de reflexión tras la lectura

Preguntas de comprensión lectora para los niños

A continuación encontrarás una pequeña lista con algunas preguntas que puedes plantear a tus hijos sobre el cuento. Algunas de ellas servirán para evaluar la comprensión lectora de tus pequeños y otras ahondan en la reflexión que propone el cuento.

- ¿Por qué se fue la cebra?

- ¿Alguno de los animales se presentaba como el culpable del delito?

- ¿Quién resultó el culpable?

- ¿Qué crees que se podía haber hecho para evitar la propagación de la mentira provocada por el boca a boca?

- Tras lo ocurrido, ¿cómo crees que se puede reparar el daño? ¿Hay algo que los animales puedan hacer?

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