Úngulo, el gato mentiroso. Cuento sobre la sinceridad

Cuentos infantiles con valores para enseñar a los niños a no mentir

Antonio de Benito

En ocasiones, los niños captan mejor los mensajes que queremos transmitirles si, en vez de echarles un sermón, lo hacemos a través de fábulas, cuentos o relatos. Y es que, las moralejas de los cuentos tienen un gran impacto en los niños.

Si tu hijo suele contar alguna otra mentira, puedes leerle la historia de Úrculo, el gato mentiroso, un cuento sobre la sinceridad que narra lo que le ocurre a un gato siamés que suele mentir mucho.

Cuento infantil sobre la sinceridad: Úrculo, el gato mentiroso

 Cuento sobre la sinceridad. Cuentos con valores

Úngulo era un regordete gato siamés que solía cortarse el pelo una vez a la semana.

El pelo le crecía rápidamente. No le sucedía lo mismo a sus uñas. No le crecían nada y, claro, Úngulo se sentía muy mal.

En la peluquería hablaba con Roberto, el oso peluquero:

- No logro entender por qué no puedo tener una uñas largas como el resto de los felinos.

- Lo pasarás fatal cuando quieras rascarte –le dijo Roberto.

- Utilizo un cepillo de dientes que me dio Rufo, el cocodrilo, aunque no es lo mismo.

Roberto, mientras le arreglaba el pelo al gato, le comentó:

- Recuerdo que, siendo todavía osito, oía contar a mi abuelo la historia de un tigre mentiroso, pero que muy mentiroso, al que no le crecían las uñas por su falta de sinceridad.

- Bueno, pero yo no soy ningún tigre. Y tampoco digo mentiras –contestó rápidamente Úngulo algo enfadado.

- No te pongas así, gato desuñado. Lo cierto es que el tigre de aquella historia estuvo una semana sin decir mentiras y sus uñas volvieron a salir.

“¡Qué suerte, uñas largas y afiladas como cuchillos!” –pensó Úngulo.

El peluquero terminó su trabajo echándole un poco de colonia al pelaje del gato.

- Hasta dentro de siete días, Roberto.

El gato se fue a su casa y no salió a la calle en toda una semana, ni siquiera a comprar pescado.

Pasado este tiempo, llegó el día de su visita a la peluquería. Úngulo lucía unas uñas estupendas.

- ¿Estarás muy contento con tus nuevas uñas? –le preguntó el oso.

- ¡Ya lo creo!, ahora ya no me falta nada. Soy el más guapo, elegante y refinado de todo el pueblo.

- Por cierto, esta semana no se te han visto los bigotes por el barrio...

- Es que tenía muchas cosas que hacer en casa y... –dudó un momento– y... además... he estado enfermo.

Roberto, sin hablar de nada más terminó su faena con el gato.

A la hora de pagar, Úngulo dijo que no llevaba dinero encima, que ya le pagaría la semana siguiente.

Al instante sus uñas desaparecieron y se puso muy colorado.

-¿Qué me sucede? –comentó muy nervioso el gato tocándose sus almohadillas desnudas.

- Sabes, gato… –le dijo el oso peluquero–, no terminé de contarte la historia del tigre. La uñas del tigre, cuando volvía a mentir, decrecían como le ha ocurrido a las tuyas. Y debía de pasar otra semana sin decir mentiras para que nacieran de nuevo.

- Ahora págame y la próxima semana, si no dices mentiras, sacaré brillo a tus uñas.

El gato Úngulo le pagó a Roberto, el oso peluquero y, sonrojado de vergüenza, salió de la peluquería con el propósito de no mentir nunca jamás.