Cómo hablar con un niño enfadado y lograr que nos haga caso

Técnicas de disciplina positiva para calmar al niño enfadado

Raro es el niño que nunca tiene una rabieta o un berrinche. En esos casos de explosión de ira, sabemos que no se puede ni negociar, ni explicar, ni argumentar. La rabia les impide escuchar lo que les decimos, así que no queda más remedio que aguantar el chaparrón e intentar que no hagan daño a los demás ni a sí mismos.

Pero, ¿qué ocurre con todos esos momentos de enfado en el niño?, ¿reaccionamos como deberíamos? Es muy posible que cuando el niño se enoja por algo y llora, levanta la voz o incluso, lanza un objeto, tendamos a perder la paciencia, le gritemos, le demos un azote o le castiguemos. Pero antes de dejarnos llevar por la ira, ¿por qué no ponemos en práctica estos consejos de disciplina positiva? Son muy útiles para hablar con un niño enfadado y lograr que nos haga caso.

Consejos para hablar con un niño enfadado y conseguir que nos preste atención

Cómo hablar con un niño enfadado

En los últimos años cada vez se habla más de la disciplina positiva, son técnicas y estrategias para educar a nuestros hijos imponiendo normas y límites pero, evitando los autoritarismos, gritos, azotes, castigos... Se trata de educar al niño desde el respeto y el cariño, sin olvidar, por supuesto, la disciplina. Muchos siguen pensando que el azote es básico en la educación y que no pasa nada por gritar a los niños. Si eres uno de ellos, tan sólo has de intentarlo y ver, la diferencia entre un modelo educativo y otro.

Los niños tienen a flor de piel sus emociones, en edades tempranas les falta el autocontrol que tenemos, o deberíamos tener los adultos. Por ello, pueden tener más explosiones de ira o más momentos de enfado y frustración y no tienen por qué llegar a esa rabieta de estar tirados en el suelo, gritando y pataleando. 

Esos momentos de enfado en el niño, pueden hacernos perder la paciencia y dejarnos llevar también por las emociones, pues bien, hay una serie de consejos que nos dan pedagogos y expertos para evitar tener ese arranque y lograr que el niño nos preste atención si está enfadado: 

- Dar ejemplo: En lugar de gritar si el niño está gritando, darle un azote si ha lanzado algo o zarandearle si pegó a la hermana, debemos ser los primeros en manejar la ira. Si gritamos y mostramos gestos violentos el niño estará aprendiendo de nuestra conducta y nos imitará en sus momentos de enfado. Si en lugar de gritar, pedimos a los niños que bajen la voz: "así no puedo comprenderte, dime sin gritar qué te ocurre y le intentamos poner solución", la tensión del momento bajará y será más fácil argumentar con él.

- Escuchar: tu hijo sólo está intentando contarte su malestar por algo, puede que lo haga a gritos o entre lágrimas y eso te desespere. Pero, en definitiva, si mantienes la calma, te bajas a su altura y le pides que te explique lo que le pasa de forma tranquila, se sentirá escuchado y atendido, e irá bajando el nivel de enfado a medida que le puedas dar soluciones o poner remedio a lo que ha ocurrido. Se trata de responder con cariño y mostrar interés hará que el niño responda positivamente.

- Desdramatizar: si el niño se enfada por cosas sin importancia de forma frecuente, no se la des tú. No hagas demasiado caso a los caprichos que puede tener y no montes un gran enfado por algo sin importancia.

- Frenar la agresividad: si el niño pierde totalmente los nervios y comienza a pegar, sujétale de los brazos y mirándole a los ojos dile que no vas a permitir ese tipo de conducta. Mantente firme y contundente.

- Respirar hondo: cuando el niño enfadado se niega a hacer lo que le pedimos en lugar de responder gritando "TE HE DICHO DOCE VECES QUE RECOJAS LOS JUGUETES", respira hondo, o aléjate un segundo y vuelve de forma tranquila. Emplea la disciplina positiva: "de acuerdo, has decidido que no los recoges, pero entonces no podrás jugar con ellos después". Son consecuencias a sus actos que el niño irá asimilando y evitarán que el día a día sea un continúo gritar de unos y otros.

- Hablar con cariño: explícale que entiendes lo que le ocurre, que en ocasiones tu también te sientes enfadada y cansada e intenta darle una solución a la queja o enfado. Hablarle con calma y dulzura ayuda a aplacar el enfado del niño y a captar su atención. Incluso puedes hacerle algún mimo, una caricia, un abrazo... puede que sólo esté llamando tu atención porque demanda cariño.

-Ofrecer alternativas: si el enfado del niño va en aumento, debemos ofrecerle otra actividad que le entretenga antes de que estalle la gran pataleta.