Medicación en niños con TDAH. Riesgos y beneficios

Tipos de fármacos para el tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

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El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es uno de los trastornos neurológicos con mayor repercusión en la infancia debido a su elevada prevalencia. Entre un 2 y un 5% de la población infantil lo sufre. Cuando a los padres nos dan un diagnóstico de TDAH en nuestros hijos sentimos dos emociones muy dispares al mismo tiempo. Por una parte, nos sentimos aliviados ya que por fin entendemos la causa de sus problemas de aprendizaje, de conducta y de socialización. Pero, por otra parte, nos invade la angustia cuando nos hablan de la necesidad de un tratamiento farmacológico: ¿cuáles los riesgos y beneficios de la medicación en niños TDAH?, ¿tendrá consecuencias negativas en un futuro?, ¿qué efectos secundarios tiene?, ¿le va a cambiar la personalidad?

En qué consiste la medicación en niños con TDAH

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La decisión sobre medicar o no a un niño con TDHA debe ser tomada por los padres, de forma consensuada con los especialistas que tratan al niño, y valorando siempre los pros y contras del tratamiento farmacológico. Por ello es importante como padres, conocer en qué consiste el tratamiento farmacológico del TDHA y que riesgos y beneficios conlleva.

Antes de adentrarnos en el mundo de la farmacología infantil, debemos sacudirnos los prejuicios y tener en cuenta que el cerebro es un órgano como cualquier otro y es posible que necesite de la medicación para su correcto funcionamiento. Si nuestro hijo fuera diabético, probablemente ni nos plantearíamos negarnos a darle insulina.

Por otra parte, una terapia farmacológica eficaz siempre va a estar regulada por un especialista en psiquiatría infantil o un neuropediatra, quien, tras basarse en las características del niño, su historia clínica y sus necesidades, decidirá qué fármaco se ajusta mejor a cada caso.

El deber del especialista es guiar a los padres, pero somos nosotros quienes finalmente tomaremos la decisión de optar o no por el tratamiento farmacológico. Es una decisión importante que no hay que banalizar. Por ello debemos estar informados sobre los riesgos y beneficios de cada fármaco.

Tipos de fármacos para el tratamiento del TDAH y sus costes y beneficios

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Los fármacos más utilizados para el tratamiento del TDAH son los estimulantes, como el Metilfenidato. Este tipo de fármaco aumenta los niveles de dopamina en el cerebro, un neurotransmisor que tiene un papel crítico en la atención y concentración. Los más conocidos dentro de este grupo son el Rubifen y el Concerta.

Estos fármacos ayudan a mejorar la conducta impulsiva e hiperactiva de nuestros hijos, así como su capacidad de atención, vigilancia y aprendizaje. Pero también presentan ciertos costes como pérdida de apetito, irritabilidad, insomnio, así como también la aparición de tics o de dolores de cabeza. Estos efectos secundarios suelen ser muy leves y presentarse con mayor intensidad y frecuencia al inicio del tratamiento, pero por lo general tras unas semanas suelen desaparecer.

Por otra parte, tenemos el tratamiento con antidepresivos. La palabra antidepresivo suena un poco fuerte cuando se trata de niños, es normal que los padres nos mostremos reticentes ante ellos. Suelen utilizarse cuando los estimulantes no han resultado efectivos o cuando el TDAH presenta síntomas depresivos o estados importantes de ansiedad. Tenemos diferentes subtipos, los más utilizados son:

- Los Tricíclicos. como la Imipramina o Clomipramina, que tienen los mismos beneficios que los fármacos estimulantes, pero que presentarían mayores efectos secundarios como: sequedad de boca, somnolencia o insomnio, vértigos, temblor de manos, taquicardia o sudoración, y en raras ocasiones también puede provocar alteraciones cardiovasculares.

- Los Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISSR), como el Prozac. Suelen utilizarse cuando aparece la sintomatología depresiva y los efectos secundarios no son tan notorios como los tricíclicos. 

Por último, tendríamos los Neurolépticos o antipsicóticos, como el Haloperidol. Este tratamiento tiene efectos secundarios más importantes que los de los grupos anteriores y solo se recomienda en caso de que el TDHA se presente de forma comórbida con trastornos más graves, como trastorno Negativista Desafiante, trastornos del control de impulsos o Gilles de la Tourette.

El TDAH es una condición de curso crónico, pero el tratamiento puede ayudar considerablemente a reducir los síntomas y facilitar el día a día a nuestros hijos. El tratamiento farmacológico, junto con la terapia psicológica, ayudarán a que el niño desarrolle sus fortalezas personales y le aportarán recursos para desenvolverse con éxito en su día a día.

'Si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles,
vivirá toda su vida pensando que es un inútil'.
Albert Einstein

Texto: Úrsula Perona, psicóloga infantil y divulgadora.