Cuando los deberes son una tortura para toda la familia

Consejos para motivar a los niños con los deberes escolares

Patricia Fernández
Patricia Fernández Redactora en Guiainfantil.com

Recuerdo los años de colegio como un auténtico suplicio, ya no solo porque las clases eran más aburridas que una sesión en el Congreso, sino porque cuando por fin sonaba el timbre de salida y todos salíamos como toros desbocados hacia casa, todavía me quedaba en casa una hora de deberes, y eso sin contar lo que tenía que estudiar.

Y es que en ocasiones las tareas del colegio no sólo son un suplicio para los niños, sino que los deberes son una tortura para toda la familia.

Los deberes, una tortura para toda la familia

Los deberes son una tortura para toda la familia

El profesor de lengua nos ponía deberes (según él pocos), el de matemáticas nos ponía otros pocos, y el de sociales nos mandaba un resumen… en fin, que llegaba a casa con una cartera más gorda que la del Ministro de Hacienda, y el ánimo por los suelos por la larga tarde que me esperaba. 

Ahora que soy madre de mellizas de 7 años veo como una de ellas sigue mis pasos cual perrito faldero, y vivo con horror como cada tarde se le borra la sonrisa de la boca cuando le pregunto por los deberes. 

Lloraba solo de pensar en que no podría jugar, se le caía el lápiz media docena de veces en un minuto, se desesperaba antes de leer el enunciado de las preguntas y me miraba con ojos de perro apaleado. Os aseguro que se me partía el corazón, pero a la media hora se me había acabado toda la paciencia y las buenas intenciones que llevaba con ella. 

Me sentaba a su lado y repetía las mismas frases que me decía mi madre, sabiendo el poco efecto que hacían en su ánimo, y para colmo, cada tarde me convertía en la peor de las brujas, con escoba incluida, que maldiciendo, gritaba y hacía aspavientos. 

No había día que no me preguntase qué sentido tenía esto, ya que me he dado cuenta de que no sabe más la que más deberes tiene, ya que la otra tiene una profesora que pone menos deberes. A simple vista se ve que el sistema de educación está obsoleto; no es un buen sistema aquel que para poder abarcar lo que se pide en el currículum del año es necesario hacerlo en casa.

Someter a los niños a demasiada presión les desmotiva, les vuelve inseguros, y por lo tanto provoca un mayor fracaso escolar. 

Trucos para motivar a los niños a hacer los deberes

Decidí intentar no repetir los mismos errores de mi madre y evitar que los deberes fueran una tortura para toda la familia. Comencé a poner en  práctica todo lo que estuviese en mi mano para poder animarla y motivarla. Con mucho esfuerzo por parte de toda la familia, os puedo asegurar que hay truquillos que me han funcionado:

- Lo primero que hicimos fue instaurar una rutina de trabajo después de merendar. No hay que olvidarla nunca, porque si te relajas un solo día pierdes el esfuerzo que has hecho hasta entonces. 

- Le pusimos una mesa de estudio donde ella pudiese estar cómoda, fuimos a comprar el flexo juntas y un corcho para que pudiese poner sus notas.

- Nos fijamos una meta cada día: ¿qué hay que hacer hoy?, ¿quieres que te enseñe a hacer esto para que mañana sorprendas a la profesora?, ¿crees que eres capaz de terminarlo para dentro de media hora?, si es así ¿te parece que después pasemos un rato juntas jugando a algo o cocinando algo que te guste? La premio con tiempo y dedicación en exclusiva, nunca con dinero o cosas materiales.

- En su corcho colgamos un calendario donde ponemos caritas sonrientes cada vez que supera el reto del día, y no ponemos nada si no lo ha superado. Empezamos por poco, con tres caritas sonrientes, veíamos una película infantil en familia el viernes por la noche; después fuimos subiendo a 4 caritas y dejamos una de margen porque todos podemos tener un mal día. 

- Pero, me he dado cuenta, que la clave esencial de todo es, siempre, siempre, siempre, darle palabras de apoyo y decirle lo que confías en ella, que es capaz de hacer cualquier cosa que se proponga, y nunca, nunca, convertirte en el ogro del cuento, regañarla, decirle que es una vaga,  o frases del tipo: ¿pero todavía no has terminado? ¡Con lo fácil que es!...; y, cuando nos vemos desbordadas por la situación, descansamos cinco minutos, y volvemos con energías renovadas. 

Será duro durante un tiempo, pero poco a poco he visto como va ganando confianza en sí misma, y al final del día se siente orgullosa de sí misma, y a mí se me cae la baba.