Por qué la silla de pensar debería llamarse silla para hablar

Cómo transformar los castigos que no funcionan en algo positivo para el niño

Estefanía Esteban, Periodista
En este artículo
  1. Por qué la silla de pensar no sirve como castigo para los niños
  2. Cómo utilizar con los niños la silla para hablar en lugar de la silla de pensar

¿Te suena la silla de pensar o el rincón de pensar? Parece un castigo del pasado, y sin embargo, aún hoy se sigue utilizando. Y no solo en los hogares. También en los colegios. 

Sin embargo, ese sistema nunca me ha parecido el mejor. Ni le he encontrado el sentido, sobre todo si se aplica a niños más pequeños. ¿Cómo vamos a mandar a pensar a un niño de 3 años que aún no tiene la capacidad de reflexionar sobre sus actos ni control sobre sus emociones? Aquí encontrarás algunas razones de por qué la silla de pensar debería llamarse en realidad silla para hablar.

Por qué la silla de pensar no sirve como castigo para los niños

Por qué la silla de pensar debería llamarse silla para hablar

¿No te ha pasado algunas veces que por callar algo te ha dolido más y no ha hecho más que empeorar la situación? Luego piensas... 'si lo hubiera hablado a tiempo'... Exactamente lo mismo pasa con los niños. Cuando se comportan de forma no deseada, en lugar de explicarles por qué estamos enfadados y por qué no está bien lo que han hecho, en lugar de hablar con ellos sobre lo que ha pasado, les mandamos a la silla de pensar. Pensar... ¿en qué? ¡Si nadie les explicó qué ha sucedido y en dónde está el error'. 

Las palabras de la psicóloga Susana Maquieira nos hacen recapacitar y lo explican de una forma perfecta: 

' Sería efectiva (la silla de pensar) si se llamar Silla para hablar, y si además tuviera al lado otra, para un adulto disponible a escuchar. Un adulto que acompañe amorosamente al niño a encauzar el desborde, sin juzgar ni sancionar. Si hay una sola silla para el niño, lo que hay es un niño solo'. 

Sin duda, la soledad no ayuda mucho a niño. Tal vez sí le ayude a un adulto, pero un niño aún no tiene las herramientas necesarias para identificar y transformar sus emociones. Necesita un adulto al lado que le indique cómo hacerlo. Por eso, la silla para hablar con él siempre será una mejor opción que la silla de pensar. Puede pensar, sí, pero en compañía. De hecho, cuando mandas a un niño a la silla de pensar, lo más normal es que sienta todo esto: 

- Rabia que no puede controlar.

- Miedo de haber defraudado a sus padres.

- Sentimiento de impotencia ante algo que considera una 'injusticia'. 

- Incomprensión. Probablemente no entienda por qué le castigan. De hecho, si cada vez que hace algo mal le mandan a la silla de pensar, él pensará que en realidad sus padres no le quieren, que prefieren dejarle solo (cuando más les necesita).

- Soledad. No tiene a nadie con quien compartir sus emociones. 

- Sentimiento de culpa. Este castigo viene a ser un 'eres malo, así que fuera'. El niño se reafirma en su conducta negativa, y termina creyendo que, efectivamente, es malo.

Cómo utilizar con los niños la silla para hablar en lugar de la silla de pensar

Una silla de pensar o un rincón de pensar invita al niño a hacer algo para lo que aún no está capacitado. Serviría para un adulto, para que recapacitara sobre sus emociones y aquello que le perturba. Pero un niño necesita un guía, necesita ayuda para pensar y sobre todo, necesita que alguien le acompañe y le ofrezca consuelo y apoyo. 

¿Y si cambiamos la silla de pensar por una silla para hablar? Sigue estos pasos:

1. Cuando tu hijo tenga un mal comportamiento, desobedezca alguna norma o te desafíe, coloca dos sillas juntas: una para él y otra para ti. 

2. Pregúntale qué ha pasado, y cómo se siente. Imagina que ha pegado a su hermano. Seguramente te diga que está muy enfadado y le eche a su hermano la culpa por algo que supuestamente hizo... 

3. Si hay otra persona implicada (como puede ser su hermano o un amigo), pregúntale cómo piensa que se siente él. Esta pregunta tal vez le sorprenda. Es un esfuerzo de empatía intentar 'bucear' en las emociones del otro...

4. Explícale cómo lo has visto tú, y por qué te parece que hizo mal pegando a su hermano.

5. Pregúntale si podría encontrar otra solución que no hubiera sido mediante la violencia. Si no se le ocurre ninguna, es el momento de ayudarle a buscar otra alternativa al comportamiento que tuvo y que no estuvo bien. 

6. Habla con él de las emociones que siente y por qué debemos transformarlas y canalizarlas. Si por ejemplo, está enfadado y siente mucha rabia, ayúdale a transformarla en serenidad mediante algún ejercicio de relajación

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