Tips para padres desesperados con hijos que no toleran la frustración

Qué es la frustración y por qué los niños tienen que aprender a manejarla

Jimena Ocampo Lozano

Son muchos papás los que acuden a consulta desesperados porque sus hijos se frustran con facilidad, se enfadan mucho o no saben manejar la 'frustración'. La 'tolerancia a la frustración' es un tema recurrente y que genera muchas dudas a los padres. Es importante para ellos saber cómo pueden ayudar a sus hijos que no toleran la frustración y que no saben manejar otro tipo de emociones.

¿Por qué mi hijo siente frustración?

Cuando los hijos no toleran la frustración

Empezaremos explicando qué es la frustración. La frustración es una emoción, por lo tanto no es buena ni mala, pero depende de cómo la gestionemos y manejemos las consecuencias o emociones que desencadena son más o menos agradables o positivas.

La frustración se da ante un deseo que no se cumple, un objetivo que no se alcanza, etc. En niños suele ser normal que se frustren cuando quieren algo y no lo consiguen (un juguete, una chuchería, que se les preste atención en un momento determinado…), cuando tienen que esperar una recompensa (recordemos que los niños cuando son pequeños sobre todo, quieren las cosas y las quieren ya), cuando quieren jugar a algo y el resto de niños no quieren, etc.

A manejar la frustración se aprende, y en este aprendizaje los papás y demás adultos que rodean al niño cumplen un papel muy importante, pero también juega un papel importante el carácter y temperamento del niño.

Manejar o tolerar la frustración no es otra cosa que saber manejar y aceptar esas emociones que se desencadenan cuando nuestros deseos no se cumplen, aceptar las limitaciones y problemas con los que nos encontramos en nuestro día a día.

Es importante que los niños aprendan a tolerar la frustración y a manejar las emociones que se derivan de ella (enojo, tristeza, rabia, ira, agresividad, pena…), ya que en la vida, nos tenemos que enfrentar a numerosas situaciones que nos frustran, situaciones adversas que es importante que sepamos manejar y aceptar para ser un poco más felices.

Algunos padres, por miedo a que los niños sufran, o porque en ocasiones no podemos más con las rabietas de los niños, acabamos dándoles todo lo que los niños piden o desean, facilitando una baja tolerancia a la frustración y favoreciendo poco un desarrollo emocional adecuado. La sobreprotección y la excesiva permisividad no ayudan a que los niños aprendan a manejar la frustración.

¿Como son los niños con baja tolerancia a la frustración?

La baja tolerancia a la frustración de los hijos nos desespera

No todos los niños que lloran o se enfadan cuando no consiguen algo que quieren o desean tienen baja tolerancia a la frustración. De hecho, es normal que los niños se frustren y lo manifiesten (generalmente enfadándose) pero es la intensidad de sus reacciones lo que hace que digamos que un niño tiene baja tolerancia a la frustración.

Los niños deben aprender a aceptar que no todo es como nos gustaría. Es normal que los niños pequeños se enfaden cuando no les salen las cosas. No podemos decir que un niño de un año tiene poca tolerancia a la frustración cuando intenta alcanzar un objeto al que no llega y llora, pero sí podemos decir que con 7 años tiene baja tolerancia a la frustración si cuando el niño pierde a un juego su reacción es, por ejemplo, tirar el juego al suelo enfadado.

Por lo tanto la edad y el momento evolutivo en el que se encuentre en importante, tanto para hablar de baja tolerancia a la frustración como para enseñarles a manejar esas emociones. Estas son algunas de las características más comunes de los niños a los que les cuesta aceptar la frustración.

- Generalmente son niños exigentes, con los demás y consigo mismos. Niños que, por ejemplo, no aceptan perder a un juego, o equivocarse en una tarea. Y en ocasiones esa baja tolerancia a la frustración puede ir de la mano de una baja autoestima.

- A veces evitan enfrentarse a ciertas actividades o tareas, y de esa manera evitan frustrase si les sale mal.

- Suelen ser niños que no saben esperar. No les gusta el malestar que genera el tener que esperar una recompensa o un premio. Lo que quieren lo quieren ya.

- A veces gritan, pegan… como respuesta a situación que les es desagradable o como medio para conseguir su objetivo. Les cuesta controlar sus emociones.

- Suelen tener rabietas.

- Son rígidos, poco flexibles, egocéntricos…

¿Y qué podemos hacer los padres que estamos desesperados?

Cuando tenemos niños con baja tolerancia a la frustración

Algunas recomendaciones son:

1. Tratar de no ceder siempre ante sus deseos y rabietas
Es hasta cierto punto normal que se enfade cuando quiere algo y no lo consigue, pero si cedemos y le damos lo que pide, no aprende a manejar esa emoción que le desagrada, sino que aprende que llorando o enfadándose consigue las cosas.

2. Evitar dar todo hecho a los niños y dejar que se equivoquen
Educarles en el valor del esfuerzo para conseguir las cosas. Si no se enfrentan a la situación de que algo no les salga como quieren, no van a desarrollar la capacidad de esforzarse y aprender del error para conseguirlo en un futuro, no van a desarrollar las habilidades necesarias para enfrentarse y manejar esas emociones.

3. Educar con el ejemplo
Esto es el consejo básico que siempre damos a los padres. Si yo me enfado cada vez que algo no me sale como quiero, mi hijo aprende que es la reacción más normal y natural.

4. Enseñar a los niños a esperar
Esto significa no atender inmediatamente sus demandas, sino enseñarles a esperar. Para los niños todo lo que les atañe es importantísimo y urgentísimo, pero tienen que aprender a esperar, a soportar la demora de refuerzo o de la atención.

5. Ayudar a los niños a entender y aceptar las situaciones y las emociones que están sintiendo
Ayudar a que verbalicen cómo se sienten. Es normal que se sientan mal y se enfaden, pero hay que enseñarles a no quedarse anclados a esa emoción, sino a pararse y pensar: 'vale, estoy enfadado porque esto no me ha salido, ¿qué puedo hacer entonces?'.

6. A veces la mejor manera de que una conducta desaparezca es 'ignorarla'
Esto es, si queremos que una conduzca se extinga, no debemos prestarla demasiada atención. Si un niño explota cuando se frustra, llora y patalea, tal vez no sea el mejor momento de hacerle caso e intentar dialogar con él. Será mejor esperar, y hacerle ver que con esa conducta no consigue ni arregla nada.