Berrinches de los niños. 6 errores que todos los padres hemos cometido

Estas son algunas de las cosas que no debes hacer cuando tu hijo tenga una rabieta

Borja Quicios
Borja Quicios Psicólogo educativo

Los niños en su maduración van pasando por diferentes etapas del desarrollo evolutivo. Las rabietas, en este caso, aparecen en una de esas etapas. Se caracteriza por ser un periodo en el que los pequeños son muy impulsivos. Los padres tendemos a ponernos muy nerviosos cuando los niños se ponen a llorar y gritar sin consuelo. De hecho, podemos enumerar una lista de errores que todos los padres hemos cometido al intentar calmar los berrinches de los niños.

Por qué se producen los berrinches de los niños

Estos son los errores que cometemos con los berrinches de los niños

La etapa de los berrinches suelen empezar alrededor del año, o año y medio. Después suelen alcanzar su mayor pico de intensidad entre los 2 y los 3 años. Será a partir de los 4 años cuando empiecen a disminuir de grado.

Para descubrir la causa de las rabietas, hay que explorar su incapacidad para controlar las emociones que siente. Esto se debe a que el niño aún no cuenta con la habilidad de poder expresarse, ya que su capacidad comunicativa por medio del lenguaje es muy limitada.

No todos los niños tienen berrinches, o mejor dicho, no todos los tienen con la misma intensidad. El grando dependerá de cada niño. Debemos entender que en la etapa en la que se producen las rabietas, las estructuras cerebrales que permiten dominar las emociones aún no se han desarrollado lo suficiente. Debido a esta razón biológica el pequeño no será capaz de controlar sus frustraciones. Por lo tanto, los adultos tienen que entender que un niño no tiene berrinches a voluntad, sino que ocurre todo lo contrario. Los tiene porque no tiene la capacidad de controlarse.

En cambio, en las situaciones en las que se producen los berrinches son momentos en los que los adultos pueden tener una mala reacción. Se les olvida la importancia que tiene el factor biológico en este tipo de problema de conducta. Solo quieren parar la rabieta del niño y es en ese mismo momento donde cometen errores.

Errores que cometen los padres ante las rabietas infantiles

Las rabietas infantiles y lo que hacemos mal los padres

Se empiezan a cometer errores desde el instante en el que los adultos pierden la paciencia. A partir de ahí, estas son algunas de las cosas que hay que evitar si lo que quieres es calmar a tu hijo:

1. Ignorar el berrinche
No hacer caso al niño significa ser indiferente ante una situación en la que el pequeño lo está pasando mal. Tu hijo debe entender que los adultos de su entorno son conscientes de su enfado y que están ahí con él.

2. Enfadarse con el niño
Los adultos no tienen ningún motivo para enfadarse ni de amenazar al niño con consecuencias negativas. Con este comportamiento lo único que se consigue es que los niños hagan rabietas solo por el hecho de ver hasta dónde pueden llegar los adultos.

3. Castigar al pequeño
Castigarle solo conseguirá que el adulto se involucre en el berrinche de tal manera que el niño pueda justificar sus gritos y lloros. Es decir, como el adulto responde con consecuencias negativas, el niño entiende que puede llorar más ante el “daño recibido”. Por tanto, castigar solo servirá para poner de manifiesto la impotencia del niño y para empeorar las cosas.

4. Intentar razonar
En el mismo momento en el que se da el berrinche, intentar razonar y explicar cosas al niño es inviable. El niño es incapaz de escuchar. Es mejor esperar a que se calme.

5. Ceder al berrinche
Asentir ante los deseos del niño cuando está enfadado solo le enseña que con esa actitud puede conseguir lo que se propone. El ejemplo más común es cuando vemos a los adultos ofrecerles una galleta para que se calme porque no soportan verlo llorar. La solución será mantenerse firmes.

6. Quedarse a su lado todo el tiempo
Es bueno que se pueda acercar a ti, si el niño quiere. Pero hay que tener en cuenta que son momentos en los que el niño necesita tranquilidad, por lo que será mejor dejarle su espacio para que pueda tranquilizarse solo.