Qué necesita el cerebro de los niños cuando tienen un berrinche

Esto es lo que ocurre a nivel cerebral cuando tu hijo sufre una rabieta o pataleta

Belén de Toro Mingo
Belén de Toro Mingo Psicóloga infantil

Las rabietas son uno de los mayores retos educativos de los padres y madres, o sino preguntémosles a todas esas familias que tienen hijos entre los 2 y 3 años, periodo culmen de las rabietas. Pero, ¿qué podemos hacer para gestionar estas pataletas? Conocer las respuestas cerebrales de los pequeños ante este momento de explosión emocional, resulta muy útil. Te contamos más sobre qué necesita el cerebro de los niños cuando sufren un berrinche.

La explosión emocional de las rabietas de los niños

Las rabietas de los niños de distintas edades

Para todos aquellos que no hayan presenciado una rabieta podríamos definirla como un episodio en el que el niño tiene una respuesta emocional intensa y descontrolada. Esta respuesta suele ir acompañada de llanto, gritos y comportamientos poco 'adecuados' (tirarse al suelo, lanzar cosas, golpearse la cabeza...).

Si el niño ya ha desarrollado lenguaje puede verbalizar 'no' o 'no quiero' o cualquier otro mensaje que transmita oposición. Durante la rabieta, el niño se vuelve poco racional y es prácticamente imposible conversar o entrar en explicaciones.

Cualquier adulto puede considerar una rabieta como una respuesta completamente excesiva. Esto es el primer punto que debemos tener en cuenta. Los niños tienen una apreciación de la realidad diferente a la nuestra, por lo tanto, aquello que ha despertado esa respuesta puede ser algo realmente importante y especial para él o ella.

Identifica qué tipo de pataleta tiene tu hijo o hija

Los tipos de berrinches de los niños

También debemos tener en cuenta que podemos diferenciar las rabietas en dos tipos.

- Las primeras son más instrumentales, son desencadenadas porque el niño no puede obtener aquello que quiere (por ejemplo, porque quiere una galleta y no se la das) porque le retiras algo que desea (por ejemplo, le apagas la televisión) o le obligas a hacer algo que no quiere hacer (por ejemplo, bañarse).

- El segundo tipo de rabietas son de naturaleza más emocional y no tienen un detonante tan determinado, es decir, son más arbitrarias y fruto del momento evolutivo en el que se encuentra el niño.

En todas las rabietas debemos acompañar al niño en este enfado o desacuerdo; sin embargo, en las rabietas instrumentales los padres y madres deben evitar sucumbir a los deseos del menor. Por supuesto, siempre debemos tener en cuenta aquellas excepciones que pueden provocar que el niño esté más sensible, como podría ser que al niño le estén saliendo las muelas o simplemente que haya dormido mal.

Entender la naturaleza de la rabieta es fundamental, porque en las rabietas instrumentales los niños se están enfrentando por primera vez a los límites. Recordemos que los límites son aquellas normas reguladoras de la conducta, las 'instrucciones' que van a ordenar el comportamiento, lo que está bien o es bueno para ti de lo que no lo es.

Qué pasa en el cerebro infantil ante las rabietas

El cerebro infantil ante los berrinches

Si hacemos un pequeño repaso en el proceso de maduración del cerebro durante la infancia, la neurociencia ha demostrado que la última región en madurar es el lóbulo prefrontal. El lóbulo prefrontal está en la parte más superior de nuestro cerebro y es el encargado de controlar nuestros impulsos, de regular nuestras emociones e inhibir respuestas poco apropiadas. Por otro lado, el sistema límbico, el encargado de las emociones más innatas e instintivas (por ejemplo, el miedo) está por debajo del lóbulo prefrontal, madura y está en funcionamiento mucho antes.

Cada vez que nosotros ponemos un límite a un niño pequeño estamos regulando su conducta, sin embargo, este mensaje negador del deseo del niño puede disparar una fuerte emoción en el cerebro sin que haya madurado todavía la capacidad de 'racionalizar' o 'controlar' dicha respuesta emocional. Por ello solo observamos una respuesta puramente instintiva y visceral.

De esta manera, aunque nuestra parte lógica de adulto trate de llamar al razonamiento y reflexionar con el niño, esto no sucede. En este momento la parte emocional es la que tiene el control sobre la totalidad del cerebro, y por ende, de la conducta. La zona racional, además de estar en proceso de desarrollo y no poder funcionar como la de un adulto, se encuentra temporalmente mermada por la intensidad de conexiones y funcionamiento del sistema límbico.

Entonces, qué necesita el cerebro de los niños cuando se enfadan

Lo que el cerebro de los niños necesita ante una rabieta

Ahora que conocemos qué ocurre en el cerebro de los niños cuando tienen una rabieta, ¿qué podemos hacer para gestionar este momento?

- Contacto físico, voz calmada y contacto visual
Sabemos que desde la psicología siempre se aboga a buscar el contacto físico y proporcionar gestos de cariño al niño durante este proceso más intenso. Esto es porque en el momento de la rabieta el cerebro infantil está en modo 100% emocional y para que pueda recibir y procesar los mensajes externos debemos proporcionarle información de la misma naturaleza.

Por ello, el contacto físico, una voz con tono calmado y el contacto ocular son mensajes de naturaleza emocional que pueden ser percibidas por un cerebro enrabietado. Hablad desde la emoción a la otra emoción.

- Distraer al niño que tiene una rabieta
Otro truco que funciona muy bien es jugar al 'despiste'. Si el cerebro está invadido por la emoción vamos a despertar otros canales y sistemas sensoriales. Una forma es poner ante el niño un estímulo que le resulte atrayente, por ejemplo: un juguete que emita sonidos y luces. De esta manera, llamando a la atención, despertaremos ese lóbulo prefrontal que equilibrará el sistema nervioso.

- Observar a nuestro hijo para saber qué necesita
En muchas otras ocasiones, aunque pongamos medios y métodos, no conseguiremos reducir la rabieta. En tal caso debemos acompañar a nuestro hijo y saber que es una etapa evolutiva, donde los procesos emocionales se han despertado, y adquirirá gracias a la experiencia y a nuestro acompañamiento la regulación emocional.

No olvidemos que, tal y como se explica en 'Rabietas de los hijos y formas de actuar' (del Centro Nacional del Desorden de Estrés Postraumático), los niños se sienten más seguros cuando se tienen rutinas y ciertos hábitos. Por ello, debemos tratar de mantenerlos para que las rabietas no estallen de forma tan habitual.

Asimismo debemos tener en cuenta que no son solo los niños entre los 2 y 3 años los que sufren rabietas, estas respuestas pueden permanecer años más tarde. En este momento deberemos evaluar de qué tipo son las rabietas, cuáles son sus causas y detonantes y si pueden tener un origen cerebral como causa de una inmadurez neuropsicológica o neurofuncional o un origen más emocional y familiar.

Sea como fuere, debemos reconocer que las rabietas son una respuesta propia de la primera infancia y que debemos percibirlas como parte del aprendizaje de nuestro hijo en la regulación emocional y en el desarrollo de la inteligencia emocional.

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