Lo que ocurre en el cerebro infantil cuando los niños tienen miedo

El miedo infantil es una emoción básica que intenta protegernos de los peligros

Melina Núñez Martín
Melina Núñez Martín Psicóloga general sanitaria

El miedo es otra emoción básica que todos conocemos y cuya función ha sido y es protegernos. Para acompañar mejor a los niños en esos momentos en los que sienten miedo, es necesario comprender qué está sintiendo y qué le está ocurriendo. Por ello, a continuación analizamos qué es lo que ocurre en el cerebro de los niños cuando sienten miedo y a qué se debe esta emoción.

El miedo es una emoción que garantiza la supervivencia

La emoción de los miedos infantiles

¿Alguna vez has sentido miedo? Tal y como se explica en la guía 'Cómo ayudar a su niño a reconocer y comprender el miedo' (de la Universidad de South California), todos sentimos miedo de vez en cuando independientemente de lo valiente que seamos, pues como hemos dicho, el miedo es una de las seis emociones básicas o universales con las que nacemos y sin la cual, posiblemente no hubiéramos sobrevivido. El miedo nos avisa de los peligros y nos pone en alerta.

Esta emoción activa una serie de cambios en la fisiología (sudor, temblores, palpitaciones...), en los comportamientos (huir, enfrentarse o bloqueo) y en los pensamientos. ¿Y qué ocurre en el cerebro cuando sentimos esta emoción? ¿Cómo se generan esos cambios?

Cuando sentimos miedo, se activan muchas áreas cerebrales (amígdala, ínsula bilateral, la corteza cingulada anterior dorsal, la corteza prefrontal dorsolateral...), pero para que todos podamos entenderlo, vamos a simplificar un poquito todo el proceso así como las áreas que se activan.

Qué pasa en el cerebro infantil cuando los niños tienen miedo

El cerebro de los niños cuando sienten miedo

En general, podemos decir que el miedo activa el mecanismo que se encuentra en el sistema límbico, también conocido como 'cerebro emocional', pues es el encargado de regular las emociones. En este sistema, está incluida la amígdala que revisa continuamente la información que recibimos de los sentidos.

Por tanto, cuando detectamos un peligro, la amígdala se activa (junto con otras estructuras cerebrales) y desencadena el sentimiento de miedo y ansiedad. Por ejemplo, imagina que vas caminando por la calle y alguien te asalta amenazándote, la amígdala registra rápidamente esta información y activará otras estructuras avisándote de un peligro al mismo tiempo que prepara a tu cuerpo para enfrentarse o huir de ese atacante.

Otro cambio importante que se produce en todo este proceso es la liberación de la hormona de cortisol. Algunos también la conoceréis como la 'hormona del estrés'. La amígdala estimula otras partes del cerebro encargadas de liberar esta hormona. Su función es conseguir un subidón de energía para poder reaccionar a ese peligro y por tanto, produce cambios como:

- Mandar más sangre a los músculos para que puedan actuar.

- Aumenta la tensión muscular para hacer al cuerpo más fuerte y rápido.

- Aportar energía extra al cuerpo, entre otras funciones más complejas.

Sin embargo, hay que destacar que los últimos estudios, han observado que la sensación de miedo depende de una red cerebral compleja, no solo de la amígdala, como se pensaba hasta ahora.

Comprendiendo los miedos de los niños

Entender los miedos de los niños

Entonces, ¿los bebés sienten miedo? Como venimos comentando, el miedo es una emoción innata. Por eso, los niños desde su nacimiento suelen ser asustadizos.

En el caso de los bebés, cuando se asustan por un ruido muy fuerte o cuando sienten que se están cayendo, abren los ojos como asustados y extienden los brazos hacia delante con las palmas de las manos hacia arriba lo que conocemos como el reflejo de Moro. Es una cuestión de supervivencia.

No obstante, hay que destacar que otros miedos son adquiridos en base a la propia experiencia o la experiencia ajena: miedo a la oscuridad, a los perros, a las serpientes, a los payasos...

Hay miedos infantiles que dependen de la etapa evolutiva del niño, son temporales y que acaban desapareciendo por sí mismos, pero no debemos olvidar que hay miedos que nosotros mismos transmitimos a los niños y que pueden influir en su desarrollo.

Por todo ello, es fundamental enseñar a los más pequeños a gestionar y regular dicha emoción con el objetivo de que aprendan a enfrentarse a sus propios miedos y evitando así que desencadenen múltiples miedos adquiridos.

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