Por qué la curva de intensidad del curso escolar no funciona

Por qué el colegio es más duro cuando están los niños más cansados

Patricia Fernández
Patricia Fernández Redactora en Guiainfantil.com

Se acerca el final del curso escolar, es el momento en que los niños deben trabajar más, a pesar de que es cuando más cansados están. ¿Por qué la curva de intensidad del curso escolar no funciona? Las exigencias del curso escolar no va acorde con la predisposición y el esfuerzo natural del niño a lo largo del año para enfrentarse a los estudios y las tareas.

Te mostramos cómo es la curva de intensidad que se exige en las escuelas a medida que va discurriendo el curso, y los inconvenientes que esto ocasiona.

El nivel de exigencia del curso escolar no funciona

Por qué la curva de intensidad del curso escolar no funciona

El curso escolar supone un esfuerzo a los niños que va creciendo a medida que va avanzando el curso. Durante los primeros meses de curso, el niño se va ubicando en su nueva clase, a su nuevo profesor, a los nuevos compañeros, a unos libros con un vocabulario más complicado y con menos ilustraciones… así que es natural que el comienzo del curso sea de un nivel más bajo hasta que el niño comience a sentirse a gusto.

A medida que van pasando los meses el niño empieza a conseguir una rutina de estudio, de hacer los deberes, de responsabilidad, de integridad dentro de la clase y del grupo de sus compañeros, y esto hace que normalmente crezcan los niveles de atención y de esfuerzo.

De esta manera, hacia mitad de curso suele verse realmente el rendimiento del niño en el colegio; si le cuesta entender realmente las cosas, si se esfuerza en cumplir los objetivos propuestos, si entiende lo que se le explica… El niño está realmente adaptado y es el momento donde puede rendir más a nivel escolar.

Sin embargo, cuando el curso va finalizando el niño se relaja, ya está cansado, y si a eso le sumamos algunos inconvenientes añadidos como que los días se alargan y hace mejor tiempo, con lo que apetece estar menos estudiando y más jugando en el parque, y que se acercan las vacaciones y todos, incluidos los padres, tenemos más la mente en la playa, la montaña, o el pueblo, que sobre los libros o el ordenador, está claro que el rendimiento va a descender tan en picado como los precios de los abrigos en verano.

Siguiendo esta lógica aplastante del comportamiento humano y, seguramente divino, lo que no resulta comprensible es que durante los últimos meses de curso sean los más duros, y el momento en que más deben los niños estudiar y apretar. Con esto nos queda claro que la curva de la intensidad de la clase, es inversamente proporcional a la curva del interés y esfuerzo en el niño, como norma general, aunque siempre hay excepciones, claro.

Es realmente ridículo, que conociendo este hecho tan verdadero como el suelo que pisamos, las instituciones sigan manteniendo este sistema educativo en contra de los intereses de los propios niños.

El final de curso supone realmente un estrés para nuestros hijos, es el momento en el que deben entregar los trabajos de fin de curso, deben examinarse de todo aquello que han visto a lo largo del año, vienen las recuperaciones para aquellos que no superaron los primeros exámenes… lo que toda la vida hemos llamado: el empujón final, y es una pena que esto suceda justo cuando uno ya está más que desfondado.

Quizás deberían replantearse la posibilidad de que los meses finales sean de repaso de lo visto, de experimentar en la práctica todo aquello que se ha estudiado, de visitar y conocer lo que aparecía en los libros, y no de hincar los codos en la mesa a golpe de flexo y mirando con cara de preso como el mundo florece y se mueve en el exterior de nuestra ventana.

Ahí dejo mi humilde reflexión, por si a alguien le cala, y con la unión de mentes hacemos la fuerza que se necesita para cambiar tantas cosas en la educación.